Rafael Ramírez, el otro…


Un repertorio siniestro
Con la caída del chavismo se conocerán muchas de las depravaciones que la multimillonaria propaganda socialista disimuló durante el transcurso de su tiranía. El banquete de información será tan apetitoso como extenso. Nada ni nadie se salvará y muchas caretas –incluso de opositores– caerán.
Corrupción, prebenda, malversación, criminalidad, narcotráfico, perversión, vicio, libertinaje, masoquismo, sadismo y sodomía será el repertorio siniestro de revelaciones que pulverizarán ante la historia está peste que devastó a Venezuela.
Sus protagonistas, uno tras otro, mostrarán su verdadera jeta, comenzando por el sátrapa Hugo Chávez Frías.
 
El Calígula barinés
Sabíamos que, salvo contadas excepciones, la izquierda latinoamericana estaba compuesta por una colección de estafadores y corruptos, pero fue hasta el chavismo que supimos que además de estafadores y corruptos, pervertidos.
En ello –en lo de pervertido–, Hugo Chávez se llevó todos los premios. Sinvergüenzón, el comandante, no por razones desconocidas se ganó el mote de “Calígula barinés” en los predios militares cuando capitaneaba por Apure. Llegó al poder y coleccionó objetos humanos (enviciando todo y a todos) que usó, esclavizó y pervirtió para conservar su dominio y resguardar sus intereses.
¿Alguien me desmiente?
 
Nicolás, su peor ruina
“Después de unas cuantas cervezas, a Hugo se le encendían todos los furores; había que esconder a los jóvenes soldados”, comentó más de una vez con mucha suspicacia Arias Cárdenas en su pasantía como opositor.
Ese comentario lo ratificarían algunos de sus más cercanos colaboradores y colaboradoras posteriormente. Detrás de sus manías (de Chávez), había un closet de secretos y oscuridades que luego quedarían develadas y confirmadas con el ascenso de su guardaespaldas, Nicolás Maduro, al máximo poder. Los rumores de palacio eran ciertos.
“Nicolás –desde que Chávez lo conoció– fue un flechazo, una fatal debilidad y al final su peor ruina”, elucidaba Arias.
 
Rafael Ramírez, el otro
Anticipándose a lo que será seguramente una batalla de greñas y rasguños, Rafael Ramírez, el otro predilecto de Chávez, el rojo rojito de su corazón, acaba de cometer una histérica imprudencia, rugió en su twitter: “Quien me ataque a mi (sic) debe pensar un poquito, solo un poco, porqué Chávez me tuvo 12 años a su lado. Pero, además, cuando estaba muriendo solo llamó a cuatro y YO (sic) estaba allí. Así es que ningún advenedizo me puede venir con cuentos a mi (sic). Viva Chávez! Venceremos!”
Y el otro “otro”, digamos, el oficial, Nicolás, quien contra todo pronóstico terminó siendo el insospechado sucesor por una convicción póstuma tan plena como la luna llena, se enfureció y le devolvió el grito: “El que traiciona a la revolución se seca. Échale pierna, mi compadre, lánzate, que te espera el basural de la historia”.
¡Ay papá, se partieron las galletas!
 
El engalletamiento de los predilectos
Si no fuera porque las consecuencias de esta mayúscula perversión chavista la estamos pagando todos los venezolanos, el engalletamiento de los predilectos del Calígula barinés sería divertidísimo, novelesco, teatral, un verdadero drama postmoderno. Pero como las consecuencias de la perversión son reales y desgarradoras, uno sólo puede permanecer boquiabierto y espantarse: si este par de mafiosos y corruptos fueron los predilectos del sátrapa es comprensible que el país sea una ruina.
Rafael Ramírez, quizá el corrupto más grande que ha tenido la historia de Venezuela (incluso más que Diosdi, que es mucho decir), ya que no quedó como sucesor, fue compensado por Chávez con la gallina de los huevos de oro (PDVSA), que desplumó y descuartizó para comérsela en pedacitos.
Como buen padrote, Hugo Chávez dejó a cada predilecto en su santo lugar, pero como suele suceder –incluso en las mejores familias– ahora cada uno quiere la otra parte de la herencia.
Humanos, demasiado humanos, qué despelote.
 
Posdata suspensiva sin capítulo final
Muerto el padrote, historia conocida, el predilecto oficial desbancó al “barragano”, lo mandó a Estados Unidos y entregó a la oposición y a las autoridades de aquel país toda la información pertinente para que lo señalaran y enjuiciaran por los robos a PDVSA. Sin embargo, el barragano no se ha quedado quieto y, a su vez, entrega información para inculpar a su adversario sentimental, a sus sobrinos y allegados ante las mismas autoridades que –ellos sí– están dándose un banquete. No hay capítulo final en esta historia, queda en suspenso. Urgimos que se acabe pronto…
 
Gustavo Tovar – Arroyo / Mexico / @tovarr

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