El aborto, entre el derecho y la moral


“Estoy embarazada desde hace cinco o seis semanas. Y lo sé con seguridad desde hace dos días. Sé que es el hijo de Henry, no de Hugh, y debo destruirlo. He sentido la mezcla más terrible de emociones […]. He imaginado al pequeño Henry, lo he deseado, rechazado, sopesado […]. Estoy atemorizada, he vivido imaginativamente la maternidad. Aún la sigo considerando una abdicación, como la abnegada y suprema inmolación del ego. Por la noche, me niego a seguir siendo madre…”.

Lo escribió Anaïs Nin en su diario en mayo de 1934. Por su parte, Edipo decía que “lo mejor es no haber nacido. Si ya has nacido, lo mejor es morir cuanto antes”, así reflexionaba al descubrir que el hombre que ha matado es su padre y que Yocasta (con quien se acostaba) es su madre. Son dos breves muestras de la complejidad que entraña el aborto. Aunque en la actualidad parece que la gran mayoría de la gente tiene claro que hay dos bandos enfrentados y en cuál están y por qué.

Abortar no es un acto moderno ni exclusivo de los seres humanos. Ya en la época grecorromana se practicaban porque el nacimiento de un nuevo niño significaba otra boca que alimentar. Aunque más que abortos se cometían infanticidios. Pero ese es otro tema. Y en el mundo animal también abandonan a las crías cuando no hay suficiente para todos. Sacrifican al más débil. Es ley de vida. Sea como fuere, hasta el siglo XVIII la gran mayoría de los abortos eran solicitados por el hombre y no es hasta comienzos de la modernidad cuando son las mujeres quienes mayoritariamente solicitan abortar (incluso contra el deseo del hombre). Es entonces cuando se levanta todo un pensamiento contra la autonomía de la mujer. Un pensamiento liderado por la Iglesia Católica, quien transformó en persona al embrión, cuando durante 1.800 años no lo fue.

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Guerra de morales

Parece que no hay puntos en común entre detractores y partidarios del aborto. Ambos hacen uso de diferentes derechos para defender su postura. Bueno, más que defender se esfuerzan en imponerla, pues consideran que su moral ha de aplicarse a todo el mundo. Y con un tema tan complejo como es el aborto, al moralizarlo, no hay opción a la libre decisión de cada uno. Hablan del derecho a la vida, del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, y hablan en términos absolutos: para defenderlo hay que castigar a quien lo vulnera. Cuando lo cierto es que todos los derechos pueden protegerse de diversas maneras, y perseguir penalmente a quien los viola apenas es una de ellas.

Cuando una mujer toma la decisión de abortar no solamente lo hace en base a sus principios morales. También tiene en cuenta su situación personal, familiar y social. No es una decisión que se tome a la ligera normalmente. Sin olvidar el estigma, a veces familiar y a veces social, que recae sobre ellas por haber tomado una decisión sobre sí mismas y su futuro.

Marchas a favor del aborto legal en Argentina

No creo necesario exponer las ideas de uno y otro bando que conocemos todos. Tampoco tengo intención de contraargumentar. Pero sí me parece interesante compartir una alternativa que escribió una tal Mimmoth en internet. Venía a decir que tal vez haya una manera de prevenir los abortos y no forzar a las mujeres a llevar a cabo el embarazo. Existe una alternativa que causa menos daños y que beneficia a hombres y mujeres: esterilizar a todos los hombres. Eso sí, antes de esterilizarlos, se recogería una muestra de esperma para que en el futuro y cuando lo deseen puedan tener hijos. Así no habría hombres que deban asumir la manutención de un hijo que no querían, como tampoco habría mujeres obligadas a tener un hijo que no deseaban. Es cierto que esta alternativa privaría a más personas de la autonomía corporal, pero evaluando los daños serían mucho más pequeños.

Una cuestión es la vida y otra muy diferente el derecho a la vida. Es todo un diálogo entre la ciencia y la filosofía

Seguramente para muchos de los que me están leyendo no les parezca razonable como alternativa. Pero ¿por qué esta opción no es razonable y las vuestras sí? Pablo Malo decía que “si tú crees que el aborto es un crimen (la muerte de un ser humano inocente) no puedes ser “razonable” y permitir que la gente cometa “asesinatos”. Si tú crees que prohibir el aborto viola derechos fundamentales de las mujeres, tampoco puedes ser “razonable” y permitir que se impida el derecho de la mujer a elegir. Animar a la gente a que sea razonable no va a resolver el problema porque cada bando considera que ya es razonable. Para Greene, habría que dejar al lado el funcionamiento automático y pasar al modo manual, como en una cámara fotográfica. Si hacemos esto, resulta que casi nadie, ni en la derecha ni en la izquierda, tiene una postura coherente sobre el aborto, una que resista la evaluación en modo manual”.

Así es, con cuestiones como el aborto es vital ponerse en modo manual. Según Joshua Greene en el problema yo-nosotros podemos seguir funcionando en automático pues funcionamos razonablemente bien. Pero para abordar el problema ellos-nosotros tenemos que pasar a modo manual, es decir, a usar la razón. Porque una cuestión es la vida y otra muy diferente el derecho a la vida. Es todo un diálogo entre la ciencia y la filosofía.

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Por ejemplo, desde la ciencia, Harold Morowitz y James Trefil demostraron que la corteza cerebral sólo comienza a funcionar a partir de la semana 25 de gestación. Explican que “antes de que se forme las sinapsis, el cerebro fetal es tan solo una colección de células nerviosas. El feto es incapaz de conciencia y de volición. Después de que las sinapsis se hayan formado, el cerebro es funcional”. Por ello, estos investigadores proponían sustituir la pregunta “¿Cuándo comienza la vida humana?” por “¿Cuándo adquiere el feto las propiedades que hacen que los humanos sean únicos y diferentes de cualquier otro ser vivo?”.

 

Su respuesta es que el feto adquiere humanidad cuando su córtex cerebral comienza a funcionar (semana 25). Claro, los detractores del aborto dirían que para ellos el feto tiene derechos desde el momento de la concepción. Pero no deja de ser una expresión un tanto engañosa pues como explican desde la embriología, eso que denominan “momento” es un proceso continuo y gradual que dura unas 22 horas. Como tal ese momento no es más instantáneo que otros. Pues la vida no empieza con la concepción, sino que empezó hace millones de años y es un proceso continuo.

Dworkin alega que un sujeto de derecho debe tener deseos conscientes y Raz que un individuo sin deseos y sin intereses vitales no puede tener derechos

La filosofía por su parte analiza esos derechos que se usan como argumento para defender la vida del feto. Ronald Dworkin o Joseph Raz explican que los derechos dependen de los deseos. Pues tener derechos presupone tener intereses, lo que a su vez es tener deseos, esperanzas, temores, etc. Dworkin alega que un sujeto de derecho debe tener deseos conscientes y Raz que un individuo sin deseos y sin intereses vitales no puede tener derechos.

Igualmente, David Boonin en su libro Una defensa del aborto decía que “lo que otorga un estatus moral a un individuo es que tenga deseos reales sobre cómo debe ser su vida en el futuro, en virtud de los cuales dicho individuo nos plantea a los demás una serie de demandas o exigencias morales legítimas, consistentes en que no frustremos o impidamos la realización de esos deseos tendentes a alcanzar un futuro-como-el-nuestro (de entre esos deseos reales, los disposicionales e ideales son más relevantes moralmente que los ocurrentes y actuales). Según Boonin, el feto humano es un individuo con ese estatus moral especial, que nos plantea demandas morales legítimas para que respetemos su vida y no impidamos su futuro-como-el-nuestro, sólo a partir de las 25 semanas de gestación, momento en el que comienza la actividad eléctrica organizada en su córtex cerebral. Dado que el 99% de los abortos que se realizan en los países donde el aborto es legal tienen lugar mucho antes de las 25 semanas de embarazo, tales abortos son absolutamente correctos e intachables desde el punto de vista ético” (extraído de este análisis filosófico sobre el libro).

Los datos

La cruda realidad es que de 2010 a 2014 se llevaron a cabo 25 millones de abortos peligrosos (45% de todos los abortos) y el 97% de ellos en África, Asia y América Latina, según un estudio del Instituto Guttmacher en colaboración con la OMS. También concluían entre otras ideas que, por ejemplo, en Europa de Este se registró un descenso que correspondió con un aumento en el acceso a anticonceptivos modernos o que el aborto tiende a ser más seguro donde es permitido en términos legales amplios que en entornos legalmente más restrictivos. También tiende a ser más seguro en países con un ingreso nacional bruto más alto.

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Si nos trasladamos a España, el último informe oficial sobre Interrupción Voluntaria del Embarazo concluye que desde 2012 se reduce el número de abortos. Ese descenso puede deberse a factores demográficos como un descenso del número de mujeres en edad fértil y de la población inmigrante. Como también puede deberse a la venta libre de la píldora del día después. Por otro lado, ha aumentado las mujeres que abortan entre los 20 y 39 años, mientras que ha descendido las menores de 19. Siendo el perfil medio una mujer entre 20 y 29 años, con pareja y sin hijos, con la ESO y trabajadora por cuenta ajena y sin abortos previos.

Nadie parece querer saber las motivaciones que tiene una mujer cuando decide por petición propia abortar

Aun siendo muy detallados todos estos estudios e informes, todos tienen un sesgo al igual que la sociedad en general. Nadie parece querer saber las motivaciones que tiene una mujer cuando decide por petición propia abortar. A todo el mundo le queda claro los supuestos de riesgo para la salud (tanto de la mujer como del feto) o anomalías fetales. Sin embargo, cuando en el cuestionario que se les hace indican que es por petición propia nadie parece preguntarse por su situación personal y sociolaboral. Nadie se pregunta cómo ha llegado a esa tesitura. Se suele dar por hecho que es una mujer irresponsable y por lo tanto tiene que asumir las consecuencias. Parecen condenarla, como si un hijo fuera un castigo. Claro, según esa argumentación, si una persona fuma no debe recibir tratamiento alguno si el tabaco le causa algún mal, ¿no?

Una realidad cruda

Sí, se practican abortos y además en los países desarrollados aumenta la infertilidad y el uso de anticonceptivos. Al mismo tiempo, desciende la natalidad. La procreación, la maternidad y los niños se han ido convirtiendo en obstáculos para el trabajo, el éxito y la producción de bienes materiales. En esta tesitura se ha puesto difícil reproducirse, criar y trabajar a la vez.

Quizá disminuyan los abortos cuando realmente haya políticas positivas de apoyo a la natalidad y a la maternidad. En definitiva, de apoyo a la familia. Quizá disminuyan los abortos cuando la sociedad, a través del Estado, formule medidas adecuadas y adquiera compromisos para proporcionar una educación integral, un abanico de métodos anticonceptivos (incluyendo los de urgencia) y un apoyo social en materia de planificación familiar.

La procreación, la maternidad y los niños se han ido convirtiendo en obstáculos para el trabajo, el éxito y la producción de bienes materiales

Es evidente que todos tenemos opiniones morales muy diferentes en torno al aborto. Sin embargo, hay que legislar en términos generales y tomando en consideración las implicaciones jurídicas y de salud pública. Pues este tema no es una mera cuestión moral. Y mientras ambos bandos luchan por ostentar la mejor moral, otras personas nos preguntamos qué garantiza la integridad física y moral, así como la intimidad personal y familiar, tanto de las que desean abortar como de las que siguen con el embarazo. Nos preguntamos si el cuerpo de una persona (en este caso de una mujer) le pertenece o sin embargo es un mero objeto social. Nos preguntamos si una persona tiene que interferir en la vida de otros a través del Estado para imponer su moral.

Ma. de los Angeles Casado / España 

 

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