Argentina retorna al kirchnerismo


Cuando creía que América Latina se desprendía definitivamente del engendro que llamaron Socialismo del siglo XXI triunfan los Fernández en los comicios de Argentina, resulta ¿reelecto? Evo Morales en Bolivia, López Obrador en México intenta centralizar poderes bajo su mando absoluto, sin que olvidemos que por estos días en Ecuador casi expulsan al presidente Lenín Moreno, y que, como en Chile, tuvieron lugar una serie desmedida de actos vandálicos en los que la terrible y enfermiza influencia del comunismo castro-chavista resultó patente.

¿Qué está pasando con los latinoamericanos? ¿Acaso están bajo los hipnóticos efectos enajenantes de la izquierda y el populismo extremo que se impuso en parte de la región en los últimos años? Todo es posible, y no siempre podemos afirmar que se trata de los sendos fraudes electorales a que nos tienen acostumbrados los desvergonzados desgobiernos de Venezuela, Bolivia y Nicaragua.

Los argentinos votaron por un dúo de izquierda, y hasta el presente, a diferencia de la dudosa situación de Bolivia, no se ha cuestionado la transparencia de los comicios argentinos, como tampoco pudo dudarse de los conteos porcentuales de los mexicanos, cuando hace unos meses eligieron, por desgracia, al socialista Andrés Manuel López Obrador.

Grandes sectores poblaciones inmersos en su ignorancia, su fanatismo, o lo que sea, y siendo además desconocedores de los aspectos más elementales de la política social de sus naciones, y del mundo, plasmaron su firma y contribuyeron al inmerecido triunfo de aquellos que, se supone, los “representen” por determinado período de tiempo.

Después de conocer los resultados de los comicios de Argentina, el domingo 27 de octubre, no puedo dejar de pensar en el polémico asunto, y sobre todas las cosas, tratar de buscar y encontrar el hilo conductor capaz de enlazar los recientes acontecimientos de la región, ya sean los electorales o las manifestaciones populares con su nueva modalidad de actos vandálicos y extrema violencia.

No voy a caer en los ataques y especulaciones carentes de sentido en los que muchos ya han incurrido. Creo que un llamado a la reflexión será siempre mucho más útil que un insulto superficial y alguna que otra frase hiriente y despectiva. Ya de eso se encargan los que carecen del poder de analizar con sentido crítico y de opinar con seriedad sobre el fenómeno regional que nos amenaza por estos duros tiempos. Latinoamérica es Latinoamérica, y con sus

errores, sus carencias, sus desigualdades contrastantes, sus males, y también sus virtudes – las que algunos pretenden olvidar y ocultar–, es nuestro subcontinente. Recordemos la hermosa idea martiana de “Nuestra América”, bien distante de la despectiva denominación que algunos repiten por estos días.

Decir que en “Nuestra América” existe una gran desigualdad, pobreza, pobreza extrema, elevados índices de delincuencia, de crímenes y de violencia, así como un enorme grado de subculturización aparejado a una deficiente instrucción – hay multitudes que aún son analfabetos y apenas pueden expresarse o lo hacen de modo muy rudimentario– no es caracterizar de modo despectivo a una gran parte de la región, sino exponer de modo objetivo la dura realidad de la tierra de Sucre, Bolívar y San Martín.

Esto lo saben los líderes socialistas, de izquierdas, progresistas o como se les quiera llamar, y es justamente esta debilidad subcontinental que utilizan como modus operandi para manipularlos. A los pobres, muy pobres y desposeídos, que al propio tiempo son los menos escolarizados y subculturizados se les promete reformas que luego jamás se cumplen, se les ofrecen gratuidades y ayudas humanitarias, y una inserción dentro de la sociedad con un supuesto mínimo de decoro. Luego se les incita a las protestas, a los mítines, y como es de suponer, se les invita al voto electoral que les garantice su aparente triunfo. Esta debilidad la conoció muy bien Marx cuando estableció sus concepciones teóricas acerca de la dictadura del proletariado, uno de los aspectos más polémicos de su absurda doctrina socialista.

Peronista Alberto Fernández (d), saluda a sus simpatizantes junto a su fórmula a la Vicepresidencia, la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (i), durante el acto de cierre de su campaña  en Mar del Plata (Argentina). 

Fue lo que hizo Hugo Chávez con las multitudes venezolanas, más tarde Evo Morales con los indígenas bolivianos, y Andrés Manuel López Obrador hace poco en México. No obstante, Argentina, junto a Chile y Uruguay se distinguen dentro del contexto regional toda vez que los índices de pobreza, delincuencia, escolaridad, salubridad, etc. son diferentes si les comparara con el resto de las naciones. El estilo de vida de los pobladores del cono sur difiere un tanto del resto de los países de Suramérica y Centroamérica.

¿Qué pasó entonces con los argentinos que han preferido (tampoco fue una generalidad, sino solo un discreto predominio de votantes a favor del kirchnerismo) al binomio socialista de los Fernández en vez de la continuidad de Mauricio Macri? Nada excepcional. Los comicios tuvieron lugar en medio de un caos económico que desde hace unos meses ha sufrido una agudización extrema, y que ha estado golpeando sobremanera a los argentinos. De ahí que votaran pensando en sus bolsillos y dejados llevar por la emoción más que por el intelecto, lo que, sin duda, los llevó a elegir al cuestionado binomio de Alberto Fernández y Cristina Fernández.

Mauricio Macri no supo, y no pudo, levantar desde el punto de vista económico a Argentina, y una parte del pueblo (solo una parte, 48,10% de los votos, contra

el 40,37% obtenido por Macri, y no una multitud arrolladora como luego difundirán los defensores del socialismo continental) sin pensar en las nefastas consecuencias del retorno al kirchnerismo optó por los Fernández, dejando a un lado la oscura biografía de la señora Fernández de Kirchner.

A la hora de la “verdad” ante las urnas a mucha gente le da lo mismo la tendencia de derecha, izquierda, centroderecha, centroizquierda, socialdemocracia, o lo que sea, así como el partido que representen, y hasta son capaces de desentenderse de las múltiples acusaciones de aquellos que, se supone, los van a “representar” por un período de tiempo. Recordemos el caso de Brasil, hace relativamente poco, país donde las masas ignorantes preferían, según las encuestas previas a los comicios, a un candidato en prisión por sendos cargos de corrupción.

De modo que entre Mauricio Macri, a quien le faltó el ímpetu necesario para impulsar su campaña – tal vez se sentía derrotado de antemano– y la pareja de socialistas, un pequeño por ciento por encima de la mitad – suficiente como para no someterse a un balotaje ulterior– se inclinó por el binomio que en breve saqueará lo que queda de Argentina, y que no usurpó Mauricio Macri, sino Néstor Kirchner y luego continuó su pareja en la vida y sucesora en el poder, Cristina Fernández, la política más corrupta del continente y la más acusada por graves delitos de este tipo, algo que el 48,10% de los argentinos prefirió olvidar por estos días.

Así las cosas, los Fernández asumen el poder de Argentina toda vez que ciertas condiciones socioeconómicas del país favorecieron la inconformidad de un segmento poblacional, no precisamente respecto a Mauricio Macri, sino a la dura situación económica de la nación – que no es comparable a la debacle de Venezuela y Cuba, como tampoco los argentinos actúan siguiendo los cánones del castro-chavismo–, algo que de manera premeditada y con alevosía utilizó el binomio izquierdista, sobre todo Cristina Fernández, de quien fue la idea de utilizar a su antiguo colaborador, devenido luego en adversario y ahora cómplice, para su retorno al poder político de la nación.

Los argentinos deben saber – al menos ese 40,37% que prefirió seguir probando la suerte con Mauricio Macri– que a Cristina Fernández lo menos que le interesa es el presente y el futuro de su patria, aunque en su limitada verborrea populista diga lo contrario. La Fernández de Kirchner estaba perdida a pesar de la inmunidad que le confiere el hecho de estar en el senado desde 2017 (Consúltese el escrito de mi autoría Cristina Fernández, la expresidenta y senadora más acusada de Latinoamérica). Ahora al ocupar el puesto de la vicepresidencia de la nación su cuestionada trayectoria delincuencial (12 procesos abiertos de los que 6 ya pasaron a fase de juicio con prisión preventiva) experimentará un giro radical (ya se han revocado dos de los proceso en su contra y otro se ha puesto en duda); siendo este uno de los

móviles fundamentales, sino el principal motivo, que le ha impulsado a asumir su nuevo rol. De más está decir que entre los otros motivos ocupa un lugar preferencial la continuidad del saqueo del país con el consiguiente enriquecimiento de su economía personal y patrimonial de los Kirchner.

Es cierto que Doña Cristina apenas sobresalió en la campaña presidencial, dejando a Alberto Fernández –quien fuera su adversario y quien además abandonó sus funciones durante su mandato anterior– prácticamente solo en sus mítines populistas con las consabidas promesas de siempre y sus desmedidos ataques al gobierno de Macri. Esto también fue parte de la estrategia de la corrupta mujer que no le convenía hacerse notar demasiado.

Sus implicaciones como encubridora y colaboradora en uno de los mayores actos terroristas del país (85 muertos y 300 heridos), conocido como el Caso Atentado AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina)*, le seguirán el resto de sus días, sin que olvidemos la acusación como jefa de una supuesta asociación ilícita (Caso Cuadernos de la corrupción), en la que durante 12 años se manejó una red de sobornos que llegó a cobrar alrededor de 160 millones de dólares en efectivo a empresarios de la construcción que concursaban en licitaciones durante el kirchnerismo (2003-2015)**.

Por ahora a esperar y estar bien atentos a los próximos acontecimientos de la Argentina. Ya los dictadores narcoterroristas de Venezuela, Bolivia y Cuba expresaron sus felicitaciones a la nueva pareja presidencial, para ellos “un merecido triunfo”, elogiando sobre todo a la nueva vicepresidente. Jair Bolsonaro recién confirmó que no asistirá a la toma de posesión del nuevo mandatario, mientras que Donald Trump se comunicó vía telefónica durante 15 minutos con Alberto Fernández, e igualmente lo felicitó y le informó acerca de instrucciones dadas a su equipo del Fondo Monetario Internacional para una urgente ayuda a Argentina. El mexicano Andrés Manuel López Obrador lo recibió este sábado en lo que será su primera reunión con otro jefe de Estado, aunque el líder socialista mexicano de manera muy protocolar ya había insistido en que hubiera felicitado a cualquiera de los candidatos que resultara triunfante.

En tanto el destacado intelectual y político suramericano Mario Vargas Llosa supo llorar cuasi en silencio – por lo de su reciente escrito titulado “Si, lloro por ti Argentina”– por el obscuro futuro de los argentinos, los que, según el, “eligieron a lo largo de medio siglo las peores opciones (…) han querido vivir bajo dictaduras, han querido vivir dentro del mercantilismo más espantoso. En esto hay una responsabilidad del pueblo argentino”.

Cristina ya se encuentra de nuevo en Cuba (este es el séptimo de los viajes en unos pocos meses) para visitar a su hija, quien se encuentra internada bajo prescripciones médicas desde hace meses en La Habana por un posible estrés postraumático (¿Acaso estuvo en la guerra, en misiones intergalácticas, o

sometida a actos de tortura?), y un cuestionado linfedema leve de miembros inferiores (los historiales médicos resisten todo lo que se escribe). Se supone que no falten las reuniones privadas con el dictador Raúl Castro y su títere del momento, Miguel Díaz-Canel, para tramar las estrategias futuras no solo de Argentina, sino de la región, y a la vez celebrar el “triunfo” del desgastado Socialismo del siglo XXI.

Mientras, me uno al dolor del autor de La ciudad y los perros, ese que supo como nadie describir recientemente, en unas pocas líneas, la trágica realidad de los argentinos y sus nefastas consecuencias bajo el dominio de los Fernández. No creo que la historia de Ecuador se repita en Argentina, aunque no puede descartarse del todo, y la vicepresidente sea llevada a prisión como Jorge Glas, quien recién comenzado su período en funciones de vicepresidente junto a Lenín Moreno fue sentenciado y actualmente cumple prisión por sus demostrados vínculos en el caso Odebrecht.

De ocurrir sería un fuerte golpe para enfrentar y desacreditar al Socialismo del siglo XXI, el peor de los males de “Nuestra América”.

Dr. Alberto Roteta Dorado / Tenerife 

————————-

* El 18 de julio de 1994 un coche bomba detonó frente a la sede de la AMIA, en el centro de Buenos Aires. Argentina acusó formalmente al Gobierno de Irán de planificar el ataque y al partido-milicia chií libanés Hizbullah de la ejecución. Más de 20 años después, el fiscal federal Alberto Nisman apareció con un disparo en la cabeza, justo cuando solo faltaban unas horas para comparecer ante el Congreso, en lo que sería la denuncia que se había presentado contra Cristina Fernández de Kirchner por supuesto encubrimiento de los terroristas, y cuatro días después de haber hecho la acusación formal contra la entonces presidente de Argentina. Este hecho se ha retomado, y ahora, tres años después de la muerte de Nisman el juez Claudio Bonadio, que en el 2015 fuera separado de la llamada causa AMIA, según se dijo, por “falta de imparcialidad” y por haber mantenido un “papel doble de magistrado y sospechoso”, ha procesado a la exmandataria solicitando su desafuero para poder llevar a cabo su detención; aunque como es sabido no fue a la cárcel por tener fueros parlamentarios. El 14 de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, denunció a la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner por “decidir, negociar y organizar la impunidad de los prófugos iraníes en la causa AMIA con el propósito de fabricar la inocencia de Irán”, junto al canciller Héctor Timerman, al diputado Andrés Larroque y al dirigente social Luis D’Elía, y pidió la indagatoria de todos ellos.

**Primer período entre 2003 y 2007 cuyo presidente fue Néstor Kirchner y segunda etapa entre 2007 y 2015, cuya presidente fue Cristina Fernández.

Dejar un comentario