Cuando la ansiedad golpea la puerta de nuestra vida


“Para que la ansiedad no tome el timón de nuestra vida y se vuelva tóxica, es fundamental “ordenar nuestro enfrentar”.

En la actualidad, mucha gente sufre de ansiedad sin que ni siquiera se dé cuenta de ello. La ansiedad, que consiste en una “respuesta automática” que nos permite accionar ante una situación que percibimos amenazante o negativa, nos afecta en dos aspectos: el psicológico y el físico. Vendría a ser una especie de alarma que posee una función adaptativa orientada hacia la resolución.

Si bien todos necesitamos un nivel básico de ansiedad para funcionar, lo importante es ser capaces de manejarla (ansiedad normal y útil), para que no acabemos manejados por esta (ansiedad excesiva e innecesaria). Cuando la ansiedad se nos va de las manos y se transforma en “crónica”, nos afecta tanto a nosotros como también a quienes están a nuestro alrededor.

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Para que la ansiedad no tome el timón de nuestra vida y se vuelva tóxica, es fundamental “ordenar nuestro enfrentar”. La razón de esto es que dicha emoción se incrementa cuando no actuamos. Algunos se niegan inconscientemente a ocuparse de una situación que requiere atención porque la consideran una amenaza y se paralizan.

¿En qué casos la ansiedad puede convertirse en una emoción inmanejable?

Cuando nuestra reacción excesiva es permanente. De este modo, quien la padece entra en una cadena de preocupaciones que, por más que lo intente, no puede deshacer. Es así como escuchamos que muchos comentan que “viven preocupados”. Casi siempre, no tienen idea del motivo específico que la disparó (ansiedad generalizada).

Aquí ya ingresamos en el terreno del “trastorno de ansiedad” que, por lo general, se comienza a aprender (o imitar) a temprana edad y depende del entorno en que la persona creció. Hay padres que les transmiten a sus hijos la creencia de que el mundo es un lugar peligroso. Como resultado, esos adultos albergarán dos ideas que serán la base de su comportamiento y los conducirá a esperar siempre lo peor (pensamiento catastrófico) y a bañar todas sus actividades de ansiedad:

  1.  Debo estar siempre alerta.
  2. Algo malo va a suceder.

Estos son los principales síntomas de una persona ansiosa (como los describe el psicoterapeuta italiano Andrea Fiorenza en su libro 99 estrategias para superar el miedo, la ansiedad y las fobias):

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  1. A nivel físico: cansancio, mareos, sudoración, dolores de cabeza, trastornos visuales y dificultad para respirar.
  2. A nivel psicológico: tensión, baja capacidad de concentración, insatisfacción personal, trastornos del sueño.
  3. A nivel conductual: aislamiento social, inquietud, balbuceos, actitud enjuiciadora, trastornos alimentarios y/o digestivos, pobres relaciones afectivas.

El ansioso piensa en términos absolutos, todo es “blanco o negro”, sin lugar para los grises. La ansiedad, como todo aquello que afecta el curso normal de nuestra vida, necesita ser enfrentada. Nuestra vida es muy valiosa como para desperdiciar años de calidad de vida, a causa de esta emoción.

Lo ideal es procurar el tratamiento adecuado con un terapeuta especializado en el tema. El pronóstico es bueno en todos los casos pero es importantísimo comenzar por reconocer toda creencia negativa que nos impide relajarnos y disfrutar de la vida al máximo, para luego poder modificarla.

¡Es posible salir de la toxicidad de la ansiedad!

Bernardo Stamateas / Buenos Aires / @BerStamateas

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