Ecuador como ejemplo en el contexto político latinoamericano


Venezuela sigue ocupando el protagonismo cuando nos vamos a referir no solo a la política en Latinoamérica; sino también cuando vamos a abordar el tema de la economía de dicha región, por cuanto, la patria de Bolívar que otrora fuera una nación que florecía en muchos aspectos, a pesar de sus desigualdades, hoy se encuentra inmersa en una crisis económica que la convierte en el país más atrasado de la enorme extensión que el sabio cubano José Martí definiera como nuestra América.

No ha habido otro país dentro del contexto político y socioeconómico de la región que haya sufrido de una manera más atroz los embates de una dictadura que llegó, para lamentablemente quedarse, aun cuando todo parecía indicar que su fin tendría lugar durante los meses de grandes protestas y manifestaciones populares que involucraron a grandes sectores poblacionales de todo el país durante este año que concluye.

Pero si bien nadie puede poner en duda ese merecido lugar determinado por las penurias y calamidades de su pueblo, amén de sus valerosas acciones, tampoco nadie podrá dudar del lugar muy bien ganado de Ecuador, país que se destacó este año por los notables cambios de su política gracias a la presencia de un nuevo presidente – y digo presencia de un nuevo presidente y no triunfo de un nuevo presidente, por cuanto, siempre se ha cuestionado, incluyendo la duda del que escribe este artículo, acerca de su llegada al poder ante la posibilidad de un gigantesco fraude electoral manipulado por Rafael Correa–, hecho que determinó que la nación andina experimentara un viraje radical en su sistema de gobierno, con lo se apartó definitivamente de la terrible influencia del socialismo de “nuevo tipo”.

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Las elecciones presidenciales de abril del presente año proporcionaron el cambio que estaba necesitando Ecuador desde hacía algún tiempo. Recordemos que la década correísta ejerció una influencia negativa mediante altos niveles de corrupción, amén de que el desempleo y subempleo continuaron reinando, aunque se dijera lo contrario, y la represión desatada contra los sectores de la oposición matizaron el panorama político por estos lares.

La llegada al poder de Lenín Moreno marcó un nuevo curso en la historia nacional de la patria de Eloy Alfaro. El fracaso del plan de Rafael Correa que garantizaría el continuismo político, y por lo tanto, su posibilidad de continuar manipulando el poder desde la sombra, así como de permanecer impune ante la justicia, toda vez que se suponía que el nuevo gobierno guardara silencio de

la grave situación de corrupción experimentada durante el correísmo, ha sido el detonante para otros aspectos que caracterizan el panorama político y social ecuatoriano.

El viraje radical que Moreno diera al sistema de gobierno, una vez que asumiera el poder en mayo, determinó varios hechos contundentes:

1. Entrar en una franca contradicción con el exmandatario Rafael Correa, que se ha creído en posesión de poderes para gobernar por la eternidad, lo que ha sido comentado hasta el cansancio, y lamentablemente sin aportar nada significativo al verdadero análisis político que debe hacerse en torno a una polémica que ha tenido sus consecuencias más allá de lo personal, ejerciendo su impronta definitiva en la agudización extrema de la crisis del Partido Alianza PAIS, organización cuyo nivel de agrado según los últimos datos de Cedatos pasó de un 33% en noviembre de 2015 a un 19.7% en diciembre de 2017, amén de la tensa situación política que se vive actualmente en Ecuador.

2. Desencadenar cierta inconformidad por incomprensión y dogmatismo, devenida en crisis y fragmentación ulterior del Partido Alianza PAIS, el movimiento fundado y dirigido por Correa como instrumento político para su campaña presidencial que lo llevara al poder, y que ha servido como vehículo para la implementación de su Revolución Ciudadana. (Consúltese el escrito de mi autoría con el título: “Cuando los Dioses se quedan sin trabajo”, correspondiente a la edición del lunes, 18 de diciembre, en Cubanálisis, y luego como serie en varias partes a través de Cuba democracia y vida).

3. Salirse definitivamente del mal llamado Socialismo del siglo XXI, toda vez que sus normativas, directrices y propuestas generales se apartan de los dogmas de dicha tendencia, siendo en realidad este el más trascendental de los acontecimientos por lo que significa para América Latina, región fuertemente sacudida en los últimos tiempos por el fracaso de aquellos gobiernos que asumieron esta tendencia.

4. Descubrir, o al menos, dar a conocer públicamente, una enorme deuda que se acerca a los 60.000 millones de dólares, algo que el correísmo le deja como herencia y que Rafael Correa ocultó durante todo este tiempo, y aún así, niega las fundamentadas declaraciones de Lenín Moreno y se dispersa entre absurdas acusaciones para distraer la atención hacia otros asuntos, sabiendo que una investigación judicial a gran escala se aproxima a partir de la demostración de la culpabilidad del vicepresidente Jorge Glas, quien ocupara el mismo cargo durante la segunda etapa de su prolongado mandato.

5. Constatar una terrible crisis económica que Rafael Correa ocultó al manipular cifras y datos estadísticos y presentar ante el mundo los logros de su

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proyecto de Revolución Ciudadana, algo bien distante de la realidad de Ecuador, país que posee elevados índices de desempleo, subempleo, pobreza y pobreza extrema.

6. Un acercamiento a todos los sectores políticos del país, incluyendo los elementos más ariscos de la oposición mediante un estilo inclusivo y la convocatoria a un diálogo nacional al que todos, sin excepción, han podido acudir, lo que ha sido determinante para limar asperezas y ayudar a la reunificación de una nación dividida, polarizada y fragmentada por los nocivos efectos de la política excluyente y totalitaria de Rafael Correa.

7. La recuperación de una democracia perdida durante la década del régimen dictatorial de Correa, para lo que ha convocado a la realización de una consulta popular y referéndum a realizarse el próximo febrero de manera legal y constitucional – y no violando el orden constitucional como lamentablemente denunció Correa en la Organización de Estados Americanos, y Luis Almagro de manera muy premeditada e irreverente se pronunciara–, y que incluirá preguntas medulares como la eliminación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, aspecto que cuenta con una estimación del 71,1% para ser aceptado en la consulta, así como la Eliminación de la reelección indefinida que propuso Rafael Correa y se aceptó como modificación a la Constitución de Montecristi, lo que cuenta con el apoyo del 66.8%, y que sin duda, ha sido el punto que ha llevado al clímax a la ya deteriorada relación entre Correa y Moreno, toda vez que el primero interpretara como un golpe de estado la propuesta del presidente actual.

En una charla organizada por el diario El Universo Jorge Rodríguez, miembro de la Comisión Nacional Anticorrupción (CNA), declaró que $35.695’874,839 es el costo de la corrupción durante el correísmo. Casi 36 mil millones de dólares. Coimas, sobreprecios, comisiones y gasto corriente están incluidos en ésta, la primera evaluación global sobre el costo de la corrupción en la tenebrosa década dirigida por el dictador Rafael Correa.

Dicha cifra representa un poco más que el presupuesto anual del Estado y, por ello, exige ser corroborada y ser documentada minuciosamente para poder actuar con discernimiento y firmeza ante la justicia. Lenín Moreno se refirió con visión quasi profética cuando afirmó que no alcanzaría un gobierno para juzgar todos los actos de corrupción que se produjeron en la administración de Rafael Correa. Pero los analistas políticos de la nación andina se han cuestionado que “antes de juzgar se requiere saber dónde robaron, cómo robaron, quiénes robaron y adónde llevaron la plata robada. Se necesita saber y, además, que la Justicia y el debido proceso cierren la puerta al mecanismo motor de la corrupción: la impunidad”.

Dr Alberto Roteta / España 

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