ELN: Secuestradores de la Paz en Colombia


Las negociaciones de paz entre el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) se encuentran en el aire. La reciente decisión de los rebeldes de tensionar el conflicto a través de su accionar cierra la vía hacia un acuerdo de cese al fuego definitivo, a poco más de un año de haberse instalado la mesa de diálogo en la capital ecuatoriana.

Los nuevos ataques del grupo rebelde en contra de varias instituciones policiales colombianas en menos de 24 horas, a finales del pasado enero, provocaron que Santos anunciara la suspensión del diálogo de paz que se efectuaba entre las partes. Los atentados ocurrieron semanas después de que se reunieran por última vez los delegados del Ejecutivo colombiano y los insurgentes con el objetivo de reactivar las negociaciones en la ciudad de Quito.

De allí que los rebeldes activaran un paro armado con el que pretendíann impedir el tránsito de personas y vehículos en todas las regiones que están bajo su control, a fin de forzar al Gobierno del país cafetero a sentarse de nuevo en la mesa.

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Pero la medida represora no solo ha significado que cualquiera que no permanezca en casa durante el tiempo en que se ejecute la decisión podrá perder la vida, la libertad o sufrir una agresión, sino que ha generado que la opinión pública vea con mayor recelo este proceso.

“Luego del aleve ataque a la Policía en Barranquilla, la opinión ciudadana es más reticente a un proceso, que tiene poco espacio en el devenir nacional y cada hecho de violencia, reafirma una extendida opinión que está afincada en la convicción de que pensar en un acuerdo negociado con el ELN es ‘misión imposible’”, ha subrayado el especialista en temas de paz y posconflicto Luis Eduardo Celis, en un artículo en el diario colombiano El Espectador.

https://www.elespectador.com/noticias/paz/analisis-es-posible-un-acuerdo-de-paz-con-el-eln-articulo-738214

Y es que hasta ahora, los grandes afectados por el accionar de los rebeldes han sido los civiles, en especial en el departamento del Cesar, en el norte de la nación, donde se han sufrido las mayores consecuencias con varios atentados en vías principales. De acuerdo con reportes del Ejército colombiano, el ELN habría destruido dos peajes en la mencionada localidad desde el inicio del paro armado.

“Un puente inhabilitado como esta mañana ¿a quién afecta? A la población. Un tubo perforado ¿a quién afecta? Al medioambiente. ¿Y el paro armado?, un paro armado se promueve generalmente para generar miedo. Y el paro armado funciona con base en el miedo”, ha afirmado el propio presidente Santos recientemente desde el departamento de Arauca, otra de las regiones donde el grupo quincuagenario ejerce el poder, citado por el diario El País.

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Por ello, ha sentenciado, “va a ser muy difícil reanudar el diálogo”.

https://elpais.com/internacional/2018/02/11/colombia/1518363745_790127.html

El largo viaje hacia la paz

Pero los intentos colombianos por detener la hostilidad con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional no son para nada nuevos.

De hecho, estos datan de aproximadamente 36 años. Es decir, 18 años después de que el grupo insurgente se formara en Cuba en 1964, cuando un grupo de estudiantes colombianos viajó a la isla becados por el Gobierno de Fidel Castro y regresó a su país escogiendo zonas en las cuales podían implantar su organización.

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Los primeros intentos de diálogos de paz con el ELN se dieron en 1982, bajo el mandato del presidente Belisario Betancur. Luego, en 1987, ingresaron en la Coordinadora Nacional Guerrillera (CNG) junto al Ejército Popular de Liberación (EPL) y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Allí ya participaban el M-19, el Comando Ricardo Franco Frente-Sur y el Movimiento Armado Quintín Lame, posterior a esto la organización se reestructuró y pasó a llamarse Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB), el propósito de ésta era presentarse como un frente unido en las negociaciones de paz.

Luego en 1998, cuando la presidencia colombiana la ocupaba Ernesto Samper, el ELN manifestó no quererse reunir con representantes del gobierno nacional y sí con la sociedad civil. Producto de esa reunión se comprometieron a impulsar la Convención Nacional. Un año más tarde, ahora bajo el mandato de Andrés Pastrana, en el Ejecutivo se discutieron alternativas para poder llevar a cabo dicho encuentro.

Los intentos por lograr un alto al fuego continuaron bajo el mandato del expresidente Álvaro Uribe, desde el 2002 hasta el año 2010. Para el 2015 se anunció que se empezaría una fase exploratoria en Quito, Ecuador, para tratar de concretar una agenda para los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y el ELN en 2016. Finalmente en ese mismo año ambas delegaciones anunciaron el inicio formal del proceso de paz para acabar con el conflicto armado. No obstante, hasta ahora, ninguno de estos esfuerzos ha conseguido la paz anhelada con esta guerrilla.

El ejemplo de las FARC y las diferencias con el ELN

Pero hoy Colombia cuenta con un precedente de acuerdo de paz con el alcanzado con la otrora Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia y este no surgió de la noche a la mañana, incluso todo el proceso llegó a demorarse cuatro años en su fase pública. Y aunque ciertamente ha servido de modelo para no repetir los mismos errores en los diálogos con el ELN, ambos son distintos y sus resultados pueden variar.

“El proceso de paz entre las FARC y el Estado partía de una premisa: la imposibilidad para derrotar en el terreno militar a la contraparte”, explica en exclusiva para TRIANGULANDO el politólogo de la Universidad Nacional de Colombia (UNC) Oscar Londoño.

Esto, señala, provocó que se buscara un acuerdo que permitiera tramitar el conflicto político, por otras vías distintas a la violencia. Conduciendo a un pacto que ampliara la participación política del movimiento social e insurgente, garantizara una justicia que aportara a la reparación de las víctimas, resolviera el problema de los cultivos ilícitos y mejorara la vida de las poblaciones campesinas y étnicas. “De esta manera se atendían las causas principales que reproducen la violencia”.

“Por su parte, el ELN no comparte la premisa de un cierre de la vía armada para la toma del poder y sostiene una agenda reivindicativa más amplia y compleja. A eso se suma su visión crítica sobre el estado de la implementación del proceso con las FARC dados los incumplimientos del Gobierno y la desconfianza a este”, añade.

De hecho, si se comparan los puntos de las agendas de diálogos con las FARC y el ELN que han sido publicada por los momentos se puede ver que la de los primeros era mucho más concreta, contando inclusive con un programa de entrada de la dejación de armas, que no aparece en el caso de la guerrilla que hoy intenta negociar la paz.

Los seis puntos con el Ejército de Liberación Nacional, conocidos en 2016, incluían “participación de la sociedad en la construcción de la paz, democracia para la paz, transformaciones para la paz, víctimas, fin del conflicto armado e Implementación”.

Representantes del ELN y el Gobierno de Santos durante diálogo en Quito, Ecuador

Mientras que con las FARC se hablaba de “política de desarrollo agrario integral, participación política, fin del conflicto, solución al problema de las drogas ilícitas, víctimas e Implementación, verificación, refrendación y entrada de la dejación de armas”. Llegando a anunciar el abandono de la práctica del secuestro extorsivo seis meses antes de encontrarse con la delegación colombiana para la paz en La Habana, Cuba.

“El ELN ha tenido muchos problemas por su carácter beligerante y no ha sido constante ni coherente para estar en una mesa de negociaciones con su actuar militar, por lo que esta puede ser una de las razones por las que este grupo no ha podido tener una relación más cordial con los negociadores, porque ha estado al frente de actos terroristas contra la población civil e infraestructuras”, menciona a TRIANGULANDO el politólogo asesor de la secretaría general de la alcaldía mayor de Bogotá, Ronald Sáenz.

A todo esto se une el factor tiempo por el inevitable final del gobierno de Santos, principal promotor de estas negociaciones, a mediados de este 2018.

“Con el ELN no se pueden mantener las conversaciones durante tantos años como lo hicieron con las FARC por el fortín político que esto generaba. El proceso de paz con las FARC tuvo una trascendencia de gobiernos y se volvieron caballitos de batalla todo lo que tenía que ver con la paz. Mientras que el gobierno saliente de Santos no tiene el mismo capital político ya terminando su mandato y las negociaciones en estos momentos se los dejan a los candidatos, poniendo en tela de juicio lo que pueda suceder dependiendo del próximo Presidente de la República”, destaca Sáenz.

Colombia, Firma de la Paz entre gobierno y guerrilla FARC

El camino a seguir

Aún así, es posible que exista una sendero que lleve hacia un acuerdo que ponga fin a la hostilidad con el ELN que, de acuerdo con Londoño, demanda tres condiciones inquebrantables.

El primero de ellos es que el Estado debe poner en marcha medidas efectivas para detener el asesinato y persecución de líderes sociales y de la oposición. “La condición mínima para un acuerdo de paz y una apertura democrática es concluir con la violencia como herramienta de poder por parte de ciertas elites conservadoras, algunas asociadas al narcotráfico o beneficiarias de la guerra”, dice.

A esto debería unirse la presencia de un movimiento ciudadano que comprometa a las dos partes a ceder en la guerra para generar un entorno propicio al diálogo y la negociación, sostiene el politólogo de la UNC.

Mientras que el entendimiento de parte de los insurgentes de que las acciones militares no generan una presión que obligue al Estado a ceder, también es fundamental para el proceso debido a que, a juicio de Londoño, la presencia geográfica y capacidad militar del ELN es insuficiente para ganar terreno en el ejercicio de la confrontación.

“Además sus acciones en el contexto actual son vistas de forma negativa para la mayor parte de la población y ante la opinión pública. Un proceso de paz demanda de medidas excepcionales que den mensajes de voluntad no solo al gobierno, sino fundamentalmente a la sociedad”, menciona.

Pero este último punto luce como uno de los más difíciles de lograr, tal como lo ha demostrado la propia guerrilla con los ataques antes resaltados y hasta con la fuerte presencia que ha mantenido sobre Venezuela donde, según la organización venezolana Redes, el grupo ha estado reclutando niños de ese país para combatir entre sus filas.

El director ejecutivo de la fundación, Javier Tarazona, ha asegurado que se ha documentado suficientemente cómo el ELN se ha dedicado a cautivar a niños y adolescentes en territorio fronterizo venezolano con la entrega de regalos para meterlo en sus filas, aprovechándose de la crisis generalizada que azota a la nación petrolera.

“La guerrilla busca acercarse a nuestros niños de esta manera, aprovecha la crisis económica que hay en el país, donde sus propios padres no pueden hacer entrega de ningún tipo de obsequio. Un elemento perverso para reclutarlos y hacerlos parte de su organización”, ha expresado ante los medios.

Y son precisamente esta clase de actuaciones los que, según el experto de la alcaldía mayor de Bogotá, demuestran que el grupo guerrillero “simplemente no tiene mucha voluntad para lograr la paz”. http://www.europapress.es/internacional/noticia-ejercito-colombia-denuncia-hay-dirigentes-eln-venezuela-20180212232030.html

“Esto genera muchos inconvenientes para el equipo negociador en Ecuador, porque hasta que no sucedan actos realmente sensatos y que no vayan en contra de los derechos humanos no se podrá llegar acuerdos o hacer concesiones en proceso de paz”, comenta Sáenz.

Del mismo modo, complica la actuación en la frontera en tanto deja cuestionamientos en relación a lo que sucede con el ELN dentro de los límites venezolanos.

“El tema de los límites fronterizos se vuelven mucho más complicados, porque sin decir que se está coayudando a unos grupos terroristas, de antemano deja interrogantes muy grandes sobre qué pasa en la frontera o si los Estados vecinos han sido permisivos frente a eso. Cada uno tiene sus fronteras muy bien custodiadas para que estas actuaciones generen confianza en los gobiernos de la región”, alega el experto.

 

Comandante Gabino lider de la guerrilla ELN

La paz en manos del ELN

Es por ello que el futuro de las negociaciones hoy, básicamente, está en manos del Ejército de Liberación Nacional.

“Ningún acuerdo podría ser inviable”, recalca Sáenz. Para el analista ahora solo se podría tener un pacto “un poco más imperfecto” que el logrado con las FARC.

“El pueblo colombiano ha cedido demasiado en peticiones o requerimientos que tenían en el proceso de paz con las FARC y muy difícilmente estará dispuesto a hacer estas mismas concesiones con el ELN. Por ello, lo inviable no es el proceso como tal, sino una opinión pública que no perdona que mientras haya un proceso de paz se sigan haciendo actos de terrorismo, por lo que o el ELN adopta una posición más cordial con el país o ningún gobierno estará dispuesto a volverse a sentar con ellos”, enfatiza.

Por su lado, el politólogo Londoño estima que sin la presión de la comunidad Internacional y los sectores a favor de la paz para que ambas partes cedan en sus aspiraciones y cálculos, “la agenda electoral y la propaganda de quienes están en contra de las negociaciones pueden cerrar las puertas del dialogo y de un acuerdo con el ELN en la actual coyuntura”.

A fin de cuentas, concluye, Colombia está “ante un momento histórico para superar la historia sangrienta de los últimos 60 años”.

Luis Mendoza / Caracas / @MendozasWork

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