Esencia Masculina


Mis queridas guerreras, hoy de nuevo con ustedes, quiero dedicar mi artículo de esta semana a la esencia masculina, el martes pasado se celebró el día internacional del hombre, fue establecido en 1992 por Thomas Oaster, profesor de la Universidad de Missouri Kansas, y se hizo popular a partir de 1999, quedando como fecha el 19 de noviembre, aunque en algunos países se celebra el 19 de marzo día de San José. Sin embargo, a pesar de que fue aceptado y reconocido por Organismos Internacionales como la Organización Mundial de Salud, el apoyo para incluirlo en la temática de la equidad y salud del varón, aun no se ha concretado de forma oficial, ni de forma masiva, es por esta razón, que el reconocimiento es mucho menor que el análogo día de la mujer.

En mi primer artículo les hablé de la esencia femenina y la magia intrínseca en ella, cuando me referí a esta esencia lo hice de forma interna, del despliegue que debíamos tener hacia afuera para convertirnos en un poder unísono, de ayuda energética a nuestro mundo externo, entendiendo que esa fuerza energética femenina está íntimamente ligada a la fuerza energética masculina, teniendo claro, que esta energía masculina ha estado por mucho años en desequilibrio, lo cual les explicare más adelante. Por qué les digo esto, como es bien sabido, a lo largo de los siglos, los convencionalismos sociales nos han enmarcado en estereotipos de que somos diferentes, que nosotras somos débiles y que traemos por naturaleza roles preestablecidos culturalmente y que ese hombre por sí mismo debe cumplir con patrones culturalmente asignados a él.

Esto ha sido tan marcado que existen corrientes filosóficas y religiosas que hablan sobre la esencia masculina y afirman que el hombre está hecho biológicamente para triunfar y que el hombre debe poseer todo lo que este a su alrededor como ser superior, poseer con el cuerpo, con su palabra, con su mente, con su espíritu y hacer que el mundo se amolde a él, y las mujeres somos un elemento a su disposición. Esta postura dejo de estar vigente al menos en el mundo occidental, hace ya unas cuantas décadas, la cultura patriarcal ha ido entendiendo que somos un complemento y que no podemos vivir separados el uno del otro.

Si bien es cierto, que el movimiento femenino visibilizado de manera propia a partir de los años 60, terminó de abrir el camino a la igualdad de derechos, actualmente muchas corrientes que estudian las conexiones energéticas en este hogar llamado Tierra, van más allá de la lucha de género y colocan su postura en la trascendencia de lo físico, en la esencia espiritual, en el poder de unir las energías de lo femenino y lo masculino para lograr un mundo mejor, ya que desde el entendimiento de que somos una dualidad, lo cual en este nuevo siglo comienza a ser más real, numerosos estudios científicos han enfocado sus investigaciones, en tratar de entender cómo se maneja lo interno del ser humano, como nos marca, nos identifica, nos enferma y a la vez nos integra en querer beneficiar no solo al individuo, sino al entorno que lo rodea.

Cada uno de nosotros somos una combinación de energías masculinas y femeninas, independientemente de la sexualidad, la fisiología o nuestras preferencias como hombres o mujeres. Las energías duales universales son parte del todo que nos rodea. Son dos polos en una misma representación, como por ejemplo día y noche, luz y oscuridad, tenemos diversos niveles de ambos y todos nos inclinamos más hacia un extremo de la dualidad. Tenemos un dominio natural de una energía sobre otra con la que nos identificamos, independientemente de nuestro sexo. Somos individuos existiendo en este plano terrenal como expresiones únicas de la humanidad, un equilibrio perfecto de estas energías no es fácil de alcanzar, mas no es imposible, ya que el desequilibrio de estas energías duales no es saludable y nos afecta negativamente en la forma como nos conducimos en nuestra vida cotidiana.

Carl Jung, en sus escritos describió al hombre oculto dentro de la mujer como Animus y a la mujer oculta dentro del hombre como Anima, él creía que las mujeres y los hombres se asociaban predominantemente con su energía femenina o masculina, y que cada uno tenía dentro la energía opuesta conviviendo con la preponderancia de una sobre otra. En el mundo de Jung, las energías masculinas se asociaron con la acción, el poder y lo abstracto, mientras las energías femeninas se relacionaron con la creatividad, la pasividad y la receptividad, viéndolo de manera fácil según Jung, la acción masculina sería menos efectiva sin la creatividad femenina, es decir, la convivencia de estas energías dentro de nosotros es necesaria para que podamos completar nuestro circulo interno.

Esto nos abre el camino, para identificar en el pensamiento que una de las dificultades que tenemos, para definir la esencia femenina y la esencia masculina, se debe a la asociación de cualidades de hombres y mujeres, donde se etiquetaron cualidades para los hombres como el pensamiento racional, el coraje, la lealtad y para las mujeres cualidades como la flexibilidad, la paciencia y la sabiduría, lo que ha conllevado a lo largo de nuestra existencia a que exista una lucha interna para separar estas cualidades en las que nos etiquetaron de lo que es evidentemente manifiesto, nuestra unión energética interna en un todo.

Podríamos decir entonces, que la esencia masculina cuando está equilibrada es influyente, sólida, protectora, energizada, enfocada y activa, la podríamos asociar con la luz y el resplandor de la energía positiva, además podríamos decir que la energía equilibrada es independiente, libre, natural y ordenada, esta energía masculina equilibrada puede ser apoyada por la energía femenina, sin sentirse amenazada, puede amar incondicionalmente sin perder el sentido de sí misma, no se rige por los sentimientos, simplemente está en contacto directo con ellos, desde el alma impregnada de amor incondicional.

Ahora cuando la esencia masculina está en desequilibrio, es arrogante, bárbara, egoísta, desconectada de las emociones, implacable, cruel, esta energía discordante puede ser destructiva y llegar a sabotear sus relaciones y su vida. Es posible asegurar que la energía dominante durante siglos ha sido la del masculino desequilibrado, lo cual puede significar que tanto hombres como mujeres, hayan sido movidos por el miedo, la inseguridad y el materialismo.

Ninguna energía es más importante o poderosa que la otra, ambas se manifiestan armoniosamente cuando están equilibradas. Nuestra misión como guerreras de la vida, que estamos en conexión de vibrar y volar alto, es enseñar a nuestros seres queridos a no tener miedo al equilibrio de lo femenino y lo masculino, enseñarles que internamente somos un todo y que de este equilibrio depende el resultado favorable, para aprender a conectarnos con los pensamientos positivos y a honrar tanto la esencia femenina, como la masculina.

Hasta aquí hoy mis queridas guerreras, seamos cómplices en unir esta energía dual interna, que esta intrínseca en todos los seres humanos y aprendamos a danzar juntos en una convivencia natural y equilibrada.

Deisy Oviedo / Nueva York

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