Evo Morales: “El Inmolado”


No podemos confundir un gesto o acto heroico en pos de salvar a una nación al evitar el derramamiento de sangre con una renuncia al poder porque no queda otra opción. Esto último, esto es, la renuncia porque no le quedó otra opción, es lo que acaba de hacer el dictador Evo Morales Ayma – porque también ha sido dictador a pesar de que queda un tanto eclipsado ante los grados superlativos de sus camaradas de Venezuela y Cuba–, quien este domingo renunció a la presidencia de Bolivia, cargo que ocupó desde su primera elección en 2006 hasta este domingo 10 de noviembre de 2019.

Insisto en esta idea, por cuanto el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a los pocos minutos de conocerse de la dimisión del ahora expresidente boliviano expresó: “reconocemos la actitud responsable del presidente de Bolivia, Evo Morales, quien prefirió renunciar a exponer a su pueblo a la violencia”, lo cual merece un comentario.

Reitero lo que afirmé antes. No se trata de una renuncia para evitar la violencia en el pueblo boliviano, algo en lo que se empeña el exmandatario boliviano toda vez que estando en México sigue con su mantra de la no violencia y no enfrentamientos. De haber sido así, Evo Morales hubiera hecho su dimisión unos días antes, cuando comenzaron las fuertes manifestaciones populares exigiendo nuevas elecciones, y al propio tiempo pidiendo su renuncia.

Morales toma la decisión una vez que el propio ejército se pone del lado del pueblo y abandona su custodia de la sede presidencial, a la vez que altos funcionarios de la cúpula militar exigieron su renuncia, independientemente de que ya los representantes auditores de la Organización de Estados Americanos (OEA), habían dado a conocer las irregularidades del proceso eleccionario.

De ahí que no se trata de un acto de heroicidad y de una inmolación patriótica como intentan mostrar al mundo los seguidores del Socialismo del siglo XXI, sino de hacer lo que le correspondía cuando se vio acorralado toda vez que perdió al apoyo del propio ejército y no hubo tiempo para acciones injerencistas de las dictaduras de Cuba y Venezuela, o al menos, no fueron suficientes para poder penetrar en las acciones de protestas pacíficas que han tenido lugar por estos días en la nación andina.

Si Morales hubiera tenido una “actitud responsable”, como afirmó el presidente mexicano, quien además estuvo dispuesto a ofrecer asilo político al líder indígena boliviano desde el momento en que se supo de su dimisión, no se hubiera presentado como candidato a la presidencia para un cuarto mandato consecutivo, lo que es inconstitucional de acuerdo con las leyes del país, y no

hubiera manipulado los resultados finales de los comicios, hecho comprobado por las auditorías realizadas por representantes de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Un breve repaso a algunos hechos de la reciente historia del proyecto de Evo Morales para perpetuarse en el poder nos dará una visión un tanto más precisa acerca del porqué resulta inconstitucional su reelección para un cuarto mandato.

Jeanine Añez, Presidenta interina de Bolivia

Entre los días 15 y 17 de diciembre de 2016, en el municipio de Montero, al oriente del departamento de Santa Cruz, se efectuó el congreso del partido oficialista Movimiento Al Socialismo (MAS). El principal punto de la cita fue analizar estrategias que garantizaran la continuidad del proceso de cambios en Bolivia, lo que equivale a decir la continuidad de Evo Morales en la presidencia a pesar de su fracaso en el referendo efectuado el 21 de febrero del propio año, en el que los bolivianos dijeron “No” a permitir que el presidente se presentara a un cuarto mandato, en lo que sería su primera derrota electoral en una década.

En febrero de 2016, después de dos tensas jornadas de recuento, ante el casi igualado resultado, el “No” obtenía el 51,3% frente al 48,7% que lograba el “Sí” con el 99,7% de los votos escrutados, y con el 84,47% de participación, con lo que se impedía una nueva reelección, algo que además no está contemplado en la constitución del país, la cual, en su Artículo 169,* hace referencia a la posibilidad de solo dos mandatos consecutivos.

El “No” obtenía, en febrero de 2016, el 51,3% frente al 48,7% que lograba el “Sí” con el 99,7% de los votos escrutados, y con el 84,47% de participación, con lo que se impedía una nueva reelección a Evo Morales.

No obstante, el mandatario logró una autorización del Tribunal Constitucional para su postulación en el 2014, en lo que fuera su tercer período presidencial. De ahí la ilegalidad de su presidencia desde esta fecha hasta el presente. Como todos conocen, en los regímenes totalitarios todos los poderes son manipulados desde la presidencia del país, y Bolivia no es la excepción.

Durante el congreso una comisión política debatió propuestas para lograr mecanismos constitucionales que facilitaran otra reelección del presidente en 2019, lo que al ser aprobado hubiera permitido la prolongación de su mandato hasta el 2025, con lo que acumularía diecinueve años en el poder, si no se hubiera “inmolado” este domingo con una “actitud responsable” como se encargó de promocionar AMLO, el presidente mexicano.

Dicha comisión determinó respaldar la candidatura de Evo Morales para las elecciones del 2019, para lo cual aprobaron cuatro posibilidades:

1. Aprobar una nueva reforma de la Constitución Política del Estado por dos tercios de votos de la Asamblea Legislativa Plurinacional, algo que resultaba muy fácil si se tiene en cuenta que dicha Asamblea (llamada hasta el 2009 Congreso Nacional) está constituida en su inmensa mayoría por representantes del partido político Movimiento Al Socialismo (MAS), cuyo líder es el propio Evo Morales, de ahí que la “nueva reforma constitucional” estaba garantizada.

2. Una consulta por Iniciativa Legislativa Ciudadana, que incluye la recolección de firmas del 20 por ciento del padrón electoral, lo que hubiera resultado considerando que los socialistas son expertos en falsificaciones de resultados porcentuales – los recientes comicios fraudulentos son una prueba irrefutable de lo que afirmo–.

Hugo Chávez, Fidel Castro y Evo Morales en tiempos “más felices”

3. La renuncia de Evo Morales seis meses antes de cumplir su actual mandato para quedar habilitado (asumiría la presidencia Álvaro García Linera), algo que jamás sucedió, pero de haber tenido lugar en realidad hubiera sido un montaje figurativo con la finalidad de la perpetuación del mandatario cocalero.

4. Que el Tribunal Constitucional realizara una interpretación de la Constitución Política del Estado “para hacer prevalecer el derecho de los ciudadanos a elegir al gobierno de su preferencia por sobre las limitaciones que pudiera contener la misma Constitución”, algo que resulta disparatado, y por supuesto, muy susceptible de ser manipulado.

Así las cosas, todo estaba premeditado para garantizar una continuidad política que hiciera prevalecer al presidente Evo Morales, cuyo tercer mandato ya era inconstitucional, durante otro nuevo período presidencial con el que hubiera completado sus 19 años en el poder.

Por aquellos días Evo Morales afirmó: “si vamos a estar toda la vida sometidos a la Ley, no vamos a hacer nada”; pero fue aún más lejos al decir que ni él como presidente, ni Álvaro García Linera, su vicepresidente, podían estar sometidos a la ley, y en su ignorancia propuso cambios, con lo que violaba las leyes constitucionales de la nación.

En Ivirgarzama, en la zona cocalera del Chapare, donde están las bases sindicales del gobernante, durante el acto por el onceno aniversario de su triunfo presidencial, con su anquilosada retórica –en la que son temas recurrentes el imperialismo norteamericano, los posibles golpes de Estado y el no al pluralismo ideológico–, su pésima dicción y una imagen poco grata, el mandatario pretendió alentar a sus seguidores con las consignas: “Evo es del pueblo, si el pueblo decide vamos adelante para enfrentar a la derecha” (al parecer olvidó su derrota en el referendo donde la mayoría dijo NO a su reelección) y “hemos llegado al palacio para quedarnos”, evadiendo la pérdida de su aceptación popular, que según un sondeo de la encuestadora Ipsos, estaba en un 49 % en aquellos días.

La oposición boliviana respondió de manera enérgica ante las propuestas del Movimiento Al Socialismo (MAS), pronunciándose con una advertencia de resistirse a cualquier cambio que vaya en contra de la Constitución Política del Estado (CPE) y en contra de la actitud de ignorar los resultados del referendo del 21 de febrero, a través del cual el pueblo rechazó la modificación del artículo 169 de la Constitución.

El vocero nacional de los Demócratas y alcalde de Cochabamba, José María Leyes, se refirió a que no existía ninguna vía democrática para lograr una nueva postulación de ningún gobernante que hubiera permanecido por dos períodos consecutivos, por lo que cualquier vía que intente forzar la voluntad del pueblo sería un acto dictatorial, y según el senador de Santa Cruz, Óscar Ortiz, la Constitución Política del Estado no se puede acomodar a la conveniencia de Evo Morales.

La Iglesia Católica Boliviana, institución con cuyos líderes el mandatario mantuvo una actitud distante durante su mandato, se sumó a las expresiones de oposición ante el intento de postularse a un cuarto mandato y lo convocó a respetar el resultado de un referéndum que le negó esa posibilidad. Por su parte, la secretaria ejecutiva de la Federación Nacional de Trabajadoras del Hogar de Bolivia rechazó la posible reelección al considerar que el presidente no protegió a este sector.

Desfachatez, descaro, desvergüenza y cinismo, afirmó en El Espectador el prestigioso escritor uruguayo Danilo Arbilla al referirse a una nueva mutilación a la democracia, enmarcada en los fines y propósitos progresistas; y no solo es descaro y cinismo, sino una burla a los principios de los ciudadanos de una nación que determinaron mediante su voluntad expresada en el referendo de 2016 que el socialismo del siglo XXI llegaba a su fin en Bolivia.

Morales permaneció alucinado bajo los efectos de un socialismo sombrío que asumió de modo malinterpretado a partir de sus colegas de la región, quienes movidos por aquel ímpetu de aparente amor a los proletarios de Latinoamérica no hicieron otra cosa que imponer el mal a sus naciones.

“Estamos rehabilitados para el 2025, eso no está en debate. La derecha pierde su tiempo. Más bien, mi recomendación es que se preparen de una vez (para las elecciones)” (…) “Este es un proceso imparable, es un camino sin retorno. Jamás nos va a derrotar la derecha. Estamos avanzando, estamos creciendo. En poco tiempo hemos demostrado que Bolivia tiene mucho futuro”, precisó el mandatario ante una masiva concentración de sus defensores en el estado de Cochabamba, donde los sectores afines al gobierno celebraron los doce años de su primera victoria electoral, en lo que fuera su autoproclamación como candidato para las elecciones del 2019, dando por cerrado el debate sobre su re-postulación.

En diciembre de 2016, hace casi tres años, encontrándome en Fort Pierce, Estados Unidos, un medio publicó mi escrito Evo Morales, hacia una nueva reelección, en el que expresé:

“Esperemos que el MAS no logre sus propósitos. De cualquier modo, si en el 2019 vemos reelegirse al señor Morales, no hemos de asombrarnos. Tal vez siga el camino de los hermanos Castro y de Daniel Ortega, y desde su soledad en los Andes siga luchando por un inexistente socialismo y contra el enemigo imperial”.

Mi percepción acerca de lo que podría ocurrir en 2019 definitivamente fue acertada. Hemos visto como Evo Morales logró imponer su candidatura y luego su reelección, aunque para esto tuviera que acudir a las sendas acciones fraudulentas demostradas hace poco por los funcionarios auditores de la OEA, amén de sus imposiciones mediante aprobaciones forzadas por parte del Tribunal Constitucional y Tribunal Electoral; pero por suerte, también hemos podido comprobar por estos días que el Movimiento Al Socialismo (MAS), encabezado por el dictador Evo Morales, no logró sus propósitos – como predije en 2016– toda vez que se vio obligado a renunciar definitivamente al poder, algo que a estas alturas es irrevocable porque los bolivianos no lo quieren, además de que ya existe una nueva presidente en funciones dentro de toda la legalidad posible y no autoproclamada como ya dijo el líder cocalero, y porque además, ya quedó establecido que no podrá presentarse como candidato a las elecciones venideras que tendrán que efectuarse en breve como precisaron los representantes de la OEA al declarar la nulidad del proceso anterior.

En cambio, el vaticinio de Evo Morales no se hizo realidad. La derecha no perdió su tiempo y finalmente fue derrotado democráticamente, no por un golpe de estado como se pretende imponer por aquellos que si pierden su tiempo en especulaciones carentes de sentido.

Morales jamás retornará al poder, los bolivianos así lo han determinado.

Dr. Alberto Roteta / Canarias

———————————–

*ARTÍCULO 169. El periodo de mandato de la Presidenta o del Presidente y de la Vicepresidenta o del Vicepresidente del Estado es de cinco años, y pueden ser reelectas o reelectos de manera continua por una sola vez.

Dejar un comentario