Gustavo Petro, presente y pasado de un guerrillero


Gustavo Petro quiere ser Presidente de la República. Ese es un hecho. Que comanda muchas encuestas en intención de voto, es otro hecho. Pero que quienes lo siguen, los muchos en algunas plazas y los cuatro gatos que le salieron en Medellín sepan de quién se trata, es otro cantar. El M19 se perdió en la memoria de algunos incautos conmovidos por la entrega de las armas, por los muchos votos que sacaron, por el asesinato vil de su jefe, el Comandante “papito”, Carlos Pizarro Leongómez. A todos ellos y a los jóvenes que no tienen por qué conocer la historia,  vieja para tantos, vale  esta píldora para la memoria.

El M19 fue organizado por antiguos bandidos perteneciente a las FARC, que entendieron inútil la lucha de Tirofijo y su gente. El pretexto fue la protesta por la derrota electoral de Rojas Pinilla el 19 de abril de 1.970 y varios de sus hechos más sanguinarios no podrán olvidarse jamás.

La lista de aquellas fechorías deberá empezar por el secuestro y asesinato canalla de un gran líder sindical, José Raquel Mercado. Lo “juzgaron” y asesinaron por traición a la patria y a la clase trabajadora, sin que se tomaran el trabajo de contar cuáles fueron aquellos crímenes. El cadáver de Mercado, acribillado a balazos, apareció el 19 de abril de 1.976. Petro y sus amigos tienen una bonita manera de celebrar cumpleaños.

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Se lució el M19 con el robo de armas al Cantón Norte, más de cinco mil según los registros investigativos. Las armas fueron recuperadas y por aquella vez nos salvamos de la enormidad que planeaban Petro y sus amigos.

Siempre en el gobierno de Julio César Turbay, un grupo de los compinches de Petro asaltó la embajada de la República Dominicana en Bogotá,  manteniendo en vilo la opinión del mundo por lo que harían estos salvajes con los rehenes. Turbay negoció con ellos, los de Petro saben cómo se extorsiona, y con mucho dinero los mandó en avión para Cuba, su casa matriz. De allá volvieron cargados de armas, entraron a nuestras cosatas por el Chocó y fueron dados de baja por el Ejército. De las hazañas de esa columna, al mando de la famosa “Chiqui”, también escapamos ilesos.

De ese grupo, y de todo el M19, habrá de recordarse su propensión a la amistad con la mafia del narcotráfico. Raúl Castro destinó a Jaime Guillot Lara, uno de los más reconocidos en el oficio, para que mantuviera contacto con estos huéspedes honorarios del terrorismo castrista.

Vienen luego las reconocidas andanzas con Pablo Escobar. Afinidades Electivas, las llamaría Goethe. Cuando el capo de capos estuvo refugiado en Nicaragua, despachando droga de lo lindo y bajo el amparo de José Daniel Ortega, para que no quepa duda, varios amigos del alma de Escobar, y comandantes del M19, embarcaban en su compañía cocaína en aviones clandestinos. Del acarreo al hombro de esos bultos quedaron testimonios gráficos que siguen rodando por las redes.

No fue casualidad que cuando Escobar estudiaba la manera de asesinar a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia para impedir que aprobaran la extradición a Estados Unidos de delincuentes pedidos por las cortes de ese país, encontrara bien dispuestos para la empresa a sus socios y amigos, los del M19, los compañeros de crimen de Gustavo Petro.

Para fortuna suya, Petro fue encarcelado días antes del atentado al Palacio y eso lo alejó de semejante proyecto. Iván Marino Ospina, Luis Otero Cifuentes, Alvaro Fayad, Alfonso Jacquin, Andrés Almarales, vincularon su nombre a la historia universal de la infamia y pagaron con su vida esa y otras atrocidades. Como Alcalde de Bogotá, Petro no ocultó su simpatía por aquellos delincuentes y por la barbaridad que cometieron esos ya lejanos 6 y 7 de noviembre de 1.985. El Ejército de Colombia, con los Generales Vega, Samudio y Cabrales y con el Coronel Plazas, nos salvaron de una entrega negociada de Colombia a esa mezcla incendiaria de discurso marxista y cocaína.

Esta triste historia, apenas delineada en apretado compendio, nos viene a la memoria cuando oímos a Petro pregonando democracia, defensa de la paz y los derechos humanos, bienestar para el pueblo, garantías para todos.

Petro fue amnistiado e indultado y nadie está pidiendo que lo devuelvan a la cárcel. Pero sería monumental insensatez olvidar de dónde proviene, cuando el país entero se pregunta para dónde va, sobre todo si fuera elegido Presidente de la República.

Petro es uno de esos marxistas que oculta su pertenencia ideológica. Viejo consejo de Lenin para los seguidores de su credo. El zarpazo hay que darlo cuando convenga estratégicamente. Por ejemplo, cuando un pueblo  olvidadizo le abra la puerta al lobo comunista para que haga lo que quiera en el redil de las distraídas ovejas.

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Fernando Londoño / Colombia / @FlondonoHoyos

 

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