Hamza Bin Laden: Heredero del Horror


Cuando en mayo de 2011 irrumpieron en su refugio de Abbottabad (Pakistán) y liquidaron a Osama Bin Laden, las fuerzas especiales estadounidenses dejaron un fleco sin resolver llamado Hamza Bin Laden. El decimoquinto hijo del rostro de la yihad global -por el que aún suspiran sus seguidores desperdigados por el planeta- ha pergeñado desde entonces un meteórico ascenso en las filas de Al Qaeda, cumpliendo a pie juntillas las órdenes de su progenitor y sin pestañear por el fulgurante estrellato del autodenominado Estado Islámico. Con la utopía del califato derrumbándose en Siria e Irak, allá donde nació, y su caudillo sepultado por meses de silencio y humillante huida, Hamza está preparado para erigirse en paladín del terror. «Su objetivo, para el que se ha educado durante años, es continuar el mensaje y la obra de su padre y cobrarse la venganza por su muerte», reconoce en una entrevista exclusiva con Crónica Ali Soufan, un ex agente del FBI que persiguió el rastro de Osama en los años de plomo -entre 1997 y 2005, en plena resaca del 11 de Septiembre- y ha tenido acceso a los preciados documentos hallados en el escondite de Abbottabad.

«Hamza es, sin duda, un gran admirador del legado del fundador de Al Qaeda y desea imitar las gestas de su padre», desliza este veterano espía estadounidense de origen libanés. Soufan, que desde su retirada de los servicios secretos dirige una compañía de seguridad con sede en Nueva York, accede a hablar en el 16º aniversario del ataque que se cobró 2.996 almas. Torturado por no haber sido capaz de evitarlo, ha dedicado los últimos años a construir un retrato del vástago más entusiasta de Osama, llamado a brillar en el firmamento yihadista.

«Hamza creció lejos de Osama. Cuando lo vio por última vez, apenas tenía 13 años. Su último encuentro tuvo lugar en Jalalabad», detalla el detective. El entonces adolescente no olvidó el rezo de despedida que compartió con dos de sus hermanastros y la figura paterna alejándose entre la geografía montañosa que jalona la zona fronteriza de Pakistán y Afganistán, en los prolegómenos de la intervención estadounidense contra los talibán. «Fue como si nos hubiesen arrancado el hígado y lo hubiesen dejado allí», escribió años después Hamza en una de las epístolas que cruzó con su padre.

Publicidad

Una correspondencia que ayuda a trazar la personalidad de un joven hasta ahora desconocido. «Vivimos para transitar el camino de la yihad en nombre de Dios», indica en las misivas previas a mayo de 2011 en las que suplica con insistencia reunirse con su padre. «Cuántas veces he deseado desde el fondo de mi corazón estar a tu lado. Recuerdo cada sonrisa que me brindabas, cada palabra que me decías y cada mirada que me ofreciste», relataba con pesadumbre. «Desde el adiós en Jalalabad padre e hijo trabaron una relación construida de nostalgia», certifica Soufan. Durante su infancia, Hamza acompañó al magnate saudí que batalló contra los soviéticos en sus periplos por Sudán y Afganistán, donde se asentó junto a una vasta descendencia [tuvo seis esposas y alrededor de 24 hijos]. Una de las contadas fotografías que se guardan de él data de 2001. En las instantáneas, extraídas de uno de los rudimentarios vídeos de Al Qaeda difundidos por Al Yazira, el muchacho sonríe mientras juega con los restos de un helicóptero estadounidense derribado por los talibán. «Hamza apareció en las primeras producciones en vídeo del grupo. Fue una presencia recurrente», comenta quien lideró la investigación del 11-S. La propaganda lo captó, además, recitando poemas para festejar el asesinato de infieles o enfundado en uniforme militar capitaneando a un grupo de cachorros del movimiento.

Su destino, no obstante, se forjó durante la década que sucedió al ataque contra las torres gemelas. En compañía de su madre Jairiah Sabar -doctora en legislación islámica- y un puñado de familiares y prebostes de Al Qaeda, Hamza halló refugio en Irán, faro del islam chií y el único país de la región vetado a la inteligencia estadounidense. «Durante ocho años estuvo bajo arresto domiciliario en Irán. Su entorno más cercano le instruyó para seguir los pasos de su padre», murmura Soufan.

El «heredero» reafirmó sus principios alentado por su progenitora -«más que esposa de Osama, fue su consejera»- y arropado por tres destacados lugartenientes de la red: los egipcios Abu Jair al Masri, experto en explosivos que dirigía el comité político de Al Qaeda [murió a principios de este año en un bombardeo]; Abu Mohamed al Masri, máximo responsable de los campos de entrenamiento, y Saif al Adel, un ex soldado que desempeñó el cargo de jefe de seguridad del movimiento. El trío de comandantes aprovechó la libertad de movimientos en las instalaciones militares en las que fueron confinados por la seguridad iraní para preparar al joven a conciencia. «Compartieron residencia y, junto a otros dirigentes también bajo arresto y responsables de los principales atentados del grupo, modelaron su personalidad. Hamza se terminó casando con una de las hijas de Abu Mohamed». Del enlace nacieron tres retoños, entre ellos, Osama y Jairiah.

Durante su calculada etapa de formación, en la que se empapó de la literatura religiosa, la cúpula de la organización preservó la identidad de Hamza con el más absoluto de los mutismos. De hecho, algunos medios le dieron durante años por muerto. Hasta su reaparición en mayo de 2015. En una alocución sonora, Ayman al Zawahiri, el cirujano egipcio que sirvió de mano derecha de Osama y administra su herencia desde su óbito, presentó al benjamín como «un león llegado de la guarida de Al Qaeda».

Después, la voz pausada del joven se dedicó a despachar saludos a los líderes de cada una de las sucursales del grupo; a clamar por la liberación de los comandantes que le instruyeron durante su estancia en Irán y a lanzar nuevas llamadas a atacar Occidente. Una invitación a los «lobos solitarios» que centró también su último mensaje hasta la fecha, difundido el pasado mayo. «Cumplid vuestro objetivo en secreto. Alcanzad el mayor nivel de perfección en vuestras acciones. Ejercitad el máximo cuidado y precaución y preparaos con diligencia para infligir la mayor cantidad de pérdidas posibles entre los infieles», exhortó tras jurar revancha por «los niños de Siria, las viudas de Palestina, las mujeres honorables de Irak y los huérfanos de Afganistán» y azuzar contra «los judíos y sus intereses» y la monarquía saudí.

A sus 28 años, Hamza es hoy el recambio del terror que durante las últimas dos décadas ha recorrido el mundo. A principios de año el Departamento de Estado estadounidense incluyó su nombre en el listado de terroristas admitiendo su creciente poder en el organigrama de un grupo que ha resistido los envites de su rival, el IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés), y está a punto de sobrevivirle. «El IS está perdiendo la batalla. El gran éxito de Al Qaeda es haber encajado el ascenso del IS sin haber perdido la lealtad de ninguna de sus franquicias a pesar de la enorme presión de la organización de Abu Bakr al Bagdadi, que ofrecía no sólo califato y prestigio sino también considerables incentivos financieros. Se han beneficiado, además, de la presencia del IS para parecer más moderados y demostrar que pueden cooperar con otros grupos», señala Barak Mendelsohn, experto en yihadismo de la universidad estadounidense de Haverford.

Un renacimiento que encarna la savia nueva de los Bin Laden a pesar de los interrogantes que proyectan quienes una vez conocieron a su padre. Essam Deraz, el reportero egipcio que arrancó a Bin Laden su primera y mítica fotografía, duda de las dotes del sucesor. «Osama era un tipo con carácter y carisma que, al mismo tiempo, podía contribuir a la financiación de su organización y combatir sobre el terreno junto al resto de muyahidines [guerreros santos]. Tenía coraje y se enfrentaba al peligro. Hamza no está hecho de esa madera».

El veinteañero -a quien Soufan sitúa en Waziristán, una región montañosa y tribal en el noroeste de Pakistán- ha sido nombrado «jeque» por la vieja guardia de Al Qaeda y ha amenazado con saldar deudas. «Si pensabais que el crimen inmoral que cometisteis ha expirado sin culpa, estáis muy equivocados. La venganza de la nación islámica por el jeque Osama, que Alá tenga piedad de él, no es sólo por su persona sino por todos los que defendieron el islam».

“Hay otros parientes de Bin Laden vinculados aún a Al Qaeda pero nadie en puestos de liderazgo ni con la notoriedad de Hamza”, asevera el ex agente del FBI, confiado en que será él quien tratará de administrar los rescoldos del fugaz califato. «Al Qaeda es ya más fuerte que el IS. Sus responsables han hecho muy bien su trabajo con una estrategia a largo plazo que se aprovecha de las circunstancias. Ya no es aquel grupo de hace 16 años radicado en Afganistán y con 400 miembros. Hoy controla territorio y tiene filiales a lo largo y lo ancho del mundo musulmán, con miles de militantes en Siria, Yemen o Libia». Un crédito que Hamza usará en el momento más propicio rejuveneciendo el rostro de la yihad. «Continuará el plan que trazó su padre pero su llegada a la cúspide le acercará a los millennials [la generación nacida entre 1980 y 2000]. Su misión será unificar a los seguidores de su padre divididos entre Al Qaeda y el IS. Es probable que muchos miembros del IS regresen a la organización madre, que abandonaron tras la muerte de Osama». Para seducir a jóvenes y veteranos, Hamza tirará de lazos de sangre. «Usa el mismo tono y las mismas frases que su padre. Ha desempolvado la terminología que acuñó Osama en la última década del siglo XX. Representa una vuelta a la esencia, a la declaración original de yihad expuesta por su padre en 1996», agrega Soufan. El nuevo astro de los kamizakes ha diseñado tan meticulosamente su promoción que ni siquiera ha desvelado su apariencia actual. «No hay imagen pública pero su aspecto debe ser muy similar al de su padre. En cualquier caso», concluye el espía, «las agencias de inteligencia occidentales sí tienen su foto».

Publicidad

Construcción de la que podría ser la apariencia actual de Hamza

Francisco Carrión / El Cairo / @fcarrionmolina

Dejar un comentario