Ingrid Betancourt: La misma de siempre


La exrehén de la extinta guerrilla Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia (Farc) Ingrid Betancourt causó revuelo cuando dio su respaldo público al candidato izquierdista a la presidencia colombiana, Gustavo Petro. 

Y es que Betancourt ha puesto el “dedo en la llaga” de un país notoriamente dividido por dos visiones enfrentadas en medio del clímax de la contienda electoral, intensificando aún más el debate en Colombia sobre el polémico acuerdo de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y el hoy desmovilizado grupo rebelde, que ya por sí solo ha sido uno de los principales temas de la pugna comicial junto a la brutal crisis en la vecina Venezuela. 

Sí, su apoyo a Petro pudiera –en parte- ser coherente con el discurso que ha mantenido la colombofrancesa en cuanto a la “reconciliación y el perdón” hacia quienes en su momento le arrebataron el derecho a ser libre, manteniéndola cautiva por años dentro de la inclemente selva de la nación cafetera. Sin embargo, su actitud hacia quienes lograron devolverle la libertad que le fue quitada a la fuerza contrasta con sus alegatos de paz. 

Publicidad
Jackson Health System

Ingrid Betancourt junto al candidato izquierdista, ex guerrillero Gustavo Petro

Las dos Ingrid 

Betancourt llegó a gozar de una popularidad avasallante una vez salió del cautiverio. Notoriedad que –irónicamente- según algunos analistas, le hubiese llevado cerca de alcanzar la presidencia de la República durante su campaña en 2002, cuando se encontraba en el sótano de las encuestas que daban como favoritos a Álvaro Uribe Vélez y a Horacio Serpa, meses antes de ser raptada. 

Entonces, sus seis años, cuatro meses y nueve días secuestrada en la selva, aunada a la fuerza con la que asumió su cautiverio, la habían convertido en una heroína ante los ojos de los colombianos. Por esos días se había dado a conocer una desgarradora imagen que la mostraba con la cabeza gacha y las piernas cruzadas, sentada sobre una piedra, transmitiendo una dignidad que conmovió al país con una visión que se difuminó al poco tiempo de su reencuentro con las calles. 

Horas después de su liberación, tras el éxito de la “Operación Jaque”, liderada por el exmandatario Uribe, Betancourt decidió irse a vivir a Francia, su segunda patria gracias a la nacionalidad heredada de su primer matrimonio con un ciudadano francés. El gesto fue considerado una traición en Colombia. Pero no todo quedó allí. 

En julio de 2010, demandó al Ministerio de Defensa colombiano por 15.431.351.537 pesos, responsabilizando al Gobierno de Andrés Pastrana por haber permitido su secuestro.  

Publicidad

El extitular de la mencionada cartera neogranadina Gabriel Silva Lujan respondió a la acusación alegando que en su momento la candidata presidencial “desatendió las insistentes recomendaciones de la Fuerza Pública y otras autoridades de no proseguir en su intención de viajar al municipio de San Vicente del Caguán, Caquetá, donde tenía un acto en desarrollo de su campaña”. Su afirmación fue corroborada años después por la ex aliada política de la aludida, Clara Rojas.  

Rojas fue secuestrada el 23 de febrero de 2002 por las Farc junto a su entonces amiga Ingrid Betancourt, quien le había pedido que la acompañase en un viaje varias veces pospuesto a dicha zona. Pero no se trataba de cualquier acto de campaña. 

Solo dos días antes, el presidente Pastrana, que desde 1998 había intentado mantener un acercamiento con la guerrilla, había dado por rotas las conversaciones y ordenado el levantamiento de la zona de distensión. Así que aquel viaje implicaba meterse en “la boca del lobo”. Habría que volar desde Bogotá hasta Florencia, capital del departamento del Caquetá, y de allí en helicóptero hasta San Vicente.  

La noche anterior a la partida, el jefe de seguridad advirtió a Rojas de los peligros del viaje. Ella se los trasladó por teléfono a Betancourt, quien le contestó: “Clara, si no quieres ir, te quedas. En todo caso, yo viajo”. 

“Le dije que iría con ella, y esa decisión marcó mi vida. Tendría que haberle dicho que no. Pero le dije que sí”, confesó la también excautiva al diario español El País.  

Publicidad
Jackson Health System

Lo que sucedió después es historia y aún hoy llama la atención cómo ese suceso terminó separando a ambas amigas, lejos de estrechar los lazos que un día les hizo soñar con ser la primera llave presidencial femenina de Colombia. 

A la fecha, ninguna ha aclarado que sucedió entre ambas durante sus días de encierro en la selva colombiana. No obstante, los relatos posteriores de varios de sus compañeros  de cautiverio podrían dar luces de lo ocurrido y de la verdadera personalidad de Betancourt. 

Ingrid Betancourt y Clara Rojas

Y es que lo sucedido dentro de las prisiones de las Farc durante la época en que la ex aspirtante presidencial fue rehén de la guerrilla ha sido el centro de la historia de varios libros. Solo uno pinta una buena imagen de Betancourt. 

Arbey Delgado Argote es el escritor uno de ellos. Durante 12 años, fue una de las víctimas de las macabras prácticas del extinto grupo rebelde. Y una vez liberado desahogó sus vivencias en un texto de 206 páginas que ha llamado “Lo que en la selva quedó”. 

Su relato es descriptivo. No tiene compromisos con nadie y no teme confesar los diversos amoríos que tuvo Betancourt durante el cautiverio, a pesar de que fuera de la selva su entonces esposo, Juan Carlos Lecompte, luchaba por su liberación. Describiéndola además como una persona de trato cruel hacia su “amiga” Clara Rojas. 

“En una ocasión estaba bañándome cuando escuché movimientos y gritos en el campamento de los políticos, era Ingrid Betancourt llamando al enfermero. No pude ver quién estaba enfermo, pero alcancé a escuchar que Ingrid decía con angustia y llorando: ‘No te vayas, por favor, te necesito’. Otros compañeros supuestamente escucharon otras cosas, como ‘mi amor’, y los comentarios no se hicieron esperar. ‘Se le enfermó el mozo a Ingrid’, decían. En la noche nos contaron que el enfermo era (el ex candidato a la Cámara colombiana) Luis Eladio Pérez”, dice, citado por el portal El Mundo de España. 

La misma historia, según Delgado, se repitió con otros dos políticos colombianos

Otros que dieron su visión sobre la verdadera Betancourt fueron los ex contratistas estadounidenses  Marc Gonsalves, Keith Stansell y Tom Howes, capturados al ser abatida su avioneta en febrero del 2003, mientras tomaban fotos aéreas de plantaciones y laboratorios de producción de cocaína de la guerrilla. Ellos la describen en su libro “Fuera de cautiverio” como “una princesa arrogante y egoísta”. 

Stansell es quien más se ensaña con Betancourt y menciona que esta compartía a veces el lecho con Pérez. Además, la define como una persona “dominante” que vivía en cautividad como “si estuviera de campaña electoral”, planificando constantemente cómo sería la vida en Colombia cuando ella llegara a la presidencia. Incluso asegura que dirigió una requisa contra los secuestrados. 

Según su relato, ella y Luis Eladio Pérez “decían lo que los presos querían oír y no dudaban a la hora de mentir”, para dominar la situación y beneficiarse personalmente. “Ella pensaba que si habían construido aquel campo de reclusión era porque las Farc sabían que la iban a liberar pronto”, dice. 

La acusa también de poner en riesgo sus vidas. “Me enteré a través de uno de los guardias de confianza que Ingrid les había mandado notas contándoles que éramos agentes de la CIA y que nos quería fuera de allí”, escribió. 

MADRID (2008).- Ingrid Betancourt y Luis Eladio Perez 

Gonsalves es, de los tres, quien muestra la cara más humana de Betancourt, afirmando  que pasaba largas horas del día encadenada, después de un fallido intento de fuga. Aunque tal vez su testimonio es más benigno porque, según sus palabras, también tuvo una relación sentimental con ella. 

De acuerdo con su relato, la ex candidata presidencial no solo despertó pasión en él y en Pérez, sino que además tuvo un amorío con otro secuestrado, el teniente del Ejército Raimundo Malagón, quien se enfrentó a golpes con Pérez por la aludida. 

Pero del grupo de estadounidenses el más preciso sobre Betancourt fue Howes. “Es una persona a la que le gusta controlar y manipular” y “eso en cautiverio es una cosa muy difícil”, agregando que está “interesada en ella misma” y llegó a extremos como “no querer compartir la comida en partes iguales”. 

A ellos se une otra historia, una que no fue contada desde la perspectiva del encierro en la selva, sino de quien esperó con angustia el regreso de la víctima. El libro escrito por Juan Carlos Lecompte, “Ingrid y yo, una libertad agridulce”, describe a la exrehén como una “egoísta y materialista”. 

A su juicio, ella no supo agradecer sus esfuerzos por verla en libertad. El 2 de julio de 2008, día en que la excandidata fue liberada, cámaras de televisión de todo el mundo registraron el momento en que se reencontraron después de más de seis años en los que ella estuvo secuestrada. Entonces, ella apenas lo saludó.  

Lecompte describió en su narración toda la amargura que sintió a partir de ese momento y reveló otros episodios de una relación que terminó mal. “Cuando bajó del avión solo me cogió el mentón y me dijo: ‘Hola Juanqui’. Yo me imaginé de todo, pero nunca eso”, cuenta. “Me dio una palmada en la mejilla, pero yo lo tomé como una bofetada”, indicó en sus líneas. 

“Realmente quise que me tragara la tierra, cuando en su primer discurso le agradeció al planeta entero, menos a mí”, escribe en otro de sus apartes.  

Lecompte pinta a Betancourt como a una persona enfocada en el dinero. “Para vivir en París y llevarse a Melanie y Lorenzo de vacaciones, ella me reclamó 50 mil dólares. Yo ignoraba que la República de Francia le pagaba todos sus gastos y que el presidente (Nicolas Sarkozy) la invitó a las islas Seychelles”, escribe. 

“Le propuse 30 mil dólares inmediatamente, el monto del Premio Roma para la Paz y la Acción Humanitaria, que yo recibí en su nombre y que guardé esperando su liberación. Para ella no era suficiente. Le dije que le podía dar 10 mil dólares adicionales vaciando mi cuenta. Los cogió”, agregó.  

Ella “ignoraba que durante seis años, cuatro meses y nueve días yo me dediqué sin descanso a lograr su liberación. No fue sensible al sacrificio. Cobró el cheque diciendo que era insuficiente”, destaca Lecompte. 

No obstante, lo que pudiera mostrar a la política como una persona descorazonada es el capítulo en el que Lecompte narra la forma en que ella le pidió el divorcio. “El 1 de enero de 2009 me empezó a pedir que conciliáramos el divorcio. El 10 de enero los médicos me dijeron que a mi padre solo le quedaba una semana de vida. Le dije a Ingrid ‘espérate un poco que mi papá se vaya y después, te lo prometo, te firmo todos los papeles que quiera’”. 

Aparentemente se necesitaba más para sensibilizarla, pues ella no quiso esperar. “Era como un capricho. Ya nada tenía importancia, ni si quiera la muerte de mi padre. Mandó un abogado al día siguiente, el 11 de enero, al hospital. Es el día en que oficialmente dejé de amarla. Ya no reconocía a mí mujer”. 

Ingrid Betancourt, entre su madre y su esposo, Juan Carlos Lecompte

Como quien quiere protagonismo 

Todos estos relatos, aunados a las propias acciones de Betancourt poscautiverio, han lastrado su imagen política. A día de hoy no cuenta con el apoyo suficiente para alcanzar su ambición de ser la primera presidenta de la República colombiana, pasando la mayor parte de sus días en Francia y visitando cada cierto tiempo su tierra natal. 

Ahora ha salido a la luz pública profesando su apoyo hacia el izquierdista Gustavo Petro, sobre quien dice pertenece a “una coalición que tiene la impronta de ser la coalición de la paz, una paz que le dé tranquilidad a los colombianos a todos los niveles, también a nivel económico”, refiriéndose a la alianza Colombia Humana, durante una reciente entrevista concedida a la emisora radial La FM. 

Del mismo modo, consultada su opinión sobre el aspirante Iván Duque, aseguró que su campaña es buena pero el problema es “quién lo rodea”. “Me parece que ha hecho una campaña maravillosa, él como candidato es excelente. Lamento que no esté en otro lado, lo que me frena no es él, sino lo que lo está rodeando”, en clara alusión al expresidente Álvaro Uribe, quien lideró la operación que le dio la libertad. 

De allí que desde el Centro Democrático se vea con malos ojos la decisión de Betancourt. “Resulta inadmisible que una secuestrada de seis años sea tan malagradecida con un presidente que arriesgó su prestigio, su estatus y que hasta puso en riesgo su capital político en una operación que ha sido la más importante en cualquier secuestro en el mundo, solo para verla libre junto a otros secuestrados”, dice a TRIANGULANDO la senadora colombiana María Fernanda Cabal. “Ella goza de libertad hoy gracias al riesgo que tomó el presidente Uribe”, sentencia. 

Cabal afirma que Betancourt es una “oportunista sin escala de valores, que le está haciendo un favor a Juan Manuel Santos, porque Santos apoya tácitamente a Petro, y está haciendo lo posible para que Duque no gane”. 

En el país cafetero, la contienda entre Petro y Duque no solo se basa en la continuidad del acuerdo de paz, sino además la tendencia política del primero lo hace lucir como un posible camino hacia lo que está ocurriendo en la vecina Venezuela, dado a la cercanía del candidato de izquierda con el fallecido expresidente Hugo Chávez, quien fuera la piedra angular de lo que hoy ocurre en la cuna del llamado “Socialismo del siglo XXI”. 

Por ello, para Cabal Venezuela es un espejo hacia el futuro de Colombia si el candidato de la izquierda toma las riendas de la nación.  

“Él es un pasaje seguro a la hambruna, la destrucción de la riqueza económica y a la desbandad de los propietarios”, sostiene y agrega que Betancourt le hace “flaco favor” a la democracia colombiana con su apoyo al también exguerrillero, aun creyendo que solo lo hace por protagonismo. “Creo que ella cada cierta tiempo le gusta tener protagonismo y la portada a los medios”. 

Senadora Ma.Fernanda Cabal

Pero se así o no, lo cierto es que ni el propio candidato parece tener una buena imagen de Betancourt, pese al apoyo que le ha brindado. Y es que el propio Petro llegó a criticarle cuando demandó al Estado por más de 15 mil millones de pesos luego de ser liberada. 

“La demanda de Ingrid es un insulto contra los soldados que arriesgaron su vida para liberarla”, escribió el hoy aspirante a la presidencia el 10 de julio del 2010 a las 11:24 (hora colombiana) desde su cuenta Twitter, solo un día después de darle la razón a quienes agradecen a Uribe por la liberación de Betancourt: “El responsable del secuestro de Ingrid es las Farc y de su liberación: el Estado”. Aunque hoy insulta al estado, hace alianza con Betancourt y es apoyado por las Farc. 

Luis Mendoza / Caracas / @MendozasWork 

Dejar un comentario