José Martí. Redescubriendo su Enseñanza


Siempre que se aproximan fechas como el 28 de enero y el 19 de mayo, días del nacimiento y de la muerte de José Martí, el más trascendental de los cubanos de todos los tiempos, me pregunto qué escribir sobre el colosal héroe de Dos Ríos toda vez que a través de los años y durante más de un siglo – tiempo aproximado en que se comenzó a rescatar, reunificar y difundir su extraordinaria obra– muchos se han dedicado a investigar numerosos aspectos de la vida y de la enseñanza del considerado Apóstol de Cuba.

Sin embargo, a pesar de que existen cientos de escritos publicados y unas cuantas biografías y textos valiosos que intentan esclarecer aspectos de su enseñanza, aun queda mucho por hacer en relación con la obra martiana, no así con su biografía, que ha tenido mejor suerte toda vez que ha contado con el aporte de investigadores serios y apasionados estudiosos de la vida del Maestro.

De modo que es justamente en la obra de José Martí donde hemos de detenernos con discernimiento, mente abierta y una postura de liberalidad extrema si es que queremos que prevalezca en su verdadero sentido, y no de manera forzada, fraccionada, adaptada y adulterada, como lamentablemente, algunos han pretendido mostrar desde posiciones diametralmente opuestas al pensamiento del autor de Versos Libres.

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Con la llegada del castrocomunismo a Cuba, hace ya seis décadas, una oleada de intelectuales serviles a la “causa” de la llamada revolución cubana se ocuparon de complacer a los líderes del régimen mostrando una imagen martiana bien distinta y distante de la realidad del pensamiento del más trascendental de nuestros políticos y escritores.

La idea demasiado sobredimensionada de un Martí antiimperialista, los intentos de asociarlo al dictador Fidel Castro y otros líderes del comunismo internacional (Fernández Retamar lo comparó con Ho Chi Minh), la fracasada hipótesis de un Martí socialista a pesar de su postura democrática y de sus fuertes críticas hacia ese sistema, así como las pretensiones de presentarlo al mundo como un hombre materialista y ateo – como hubieran querido los comunistas cubanos que fuera Martí, que en realidad fue un idealista puro, racionalista definido, y de elevado sentido de verdadera religiosidad–, son algunas de las disparatadas concepciones que han prevalecido durante más de medio siglo de comunismo en la isla.

Conviene precisar ciertos puntos que siempre resultan polémicos al abordar la enseñanza del autor de Versos Libres.

1. José Martí fue un hombre y no un santo, místico o iniciado en los misterios; con lo que no debe quedar lugar para la duda respecto a ciertas absolutizaciones que con frecuencia se hacen en torno a su enseñanza. En su obra están contenidas grandes verdades en relación con la vida, el hombre y el universo, a la existencia de vida inteligente en otros mundos, a la idea de la infinitud del universo como plano ilimitado (lo que lo asemeja a Giordano Bruno), a la pre-existencia y post-existencia del alma (defensor de las concepciones sobre la reencarnación), al concepto de lo múltiple y lo uno, amén de su peculiar visión sobre lo sintético y armónico y la filosofía de las relaciones (con lo que se aproxima al pensamiento del filósofo alemán Karl Christian Friedrich Krause); por solo mencionar algunas ideas limitadas a su pensamiento filosófico. Sin embargo, en su obra el lector y los estudiosos no encontrarán toda la verdad, esto es, no podemos dejarnos arrastrar por la pasión por mucho que amemos al colosal hombre cuasi bendito que escribió sobre todo y que habló de todo, por cuanto, como hombre – aunque más allá del promedio humano– su enseñanza puede tener vacíos, sesgos y limitaciones. El propio Martí jamás se autoproclamó como un místico o iniciado en los misterios de la sabiduría.

Retrato de José Martí

2. Su pensamiento no puede estudiarse e interpretarse de modo descontextualizado, ni de manera independiente a los principales aspectos de su corta, pero fecunda vida. Cada arista de su pensamiento guarda una relación directa o indirecta con cierto acontecimiento trascendental de su vida (causa-efecto). Por ejemplo, sus obras El Presidio Político en Cuba y La República española ante la revolución cubana, publicadas en España, recién llegado a la península luego de su primera deportación de Cuba, son el resultado de sus experiencias de juventud ligado a la defensa de la libertad de Cuba. De manera particular El Presidio Político en Cuba constituye un documento imprescindible que las generaciones actuales de cubanos deberán redescubrir y valorar en su real dimensión. La utilización de manera aislada de algunas frases de su autoría, y de otras atribuidas a Martí como autor, ha traído como resultado que cada cual utilice su pensamiento según la ocasión, la circunstancia, y lo peor, de acuerdo a su conveniencia. De ahí que los comunistas cubanos han querido adueñarse de su sagrado pensamiento presentándolo adulterado y acomodado de acuerdo a la idea que pretendan defender. La palabra martiana les ofrece cierta legitimación, algo tan buscado para afianzarse bajo el ropaje de un nacionalismo que desconocen en su verdadero sentido y en su trascendental esencialidad. La célebre frase: “Con todos y para el bien de todos”, a la que continuamente se acude, es pues un ejemplo en este sentido. Se acomoda a ciertos intereses rutinarios del decadente régimen y la repiten sin cesar, aun cuando desconocen que el Bendito Apóstol cubano la pronunció durante uno de sus más trascendentales discursos en Estados Unidos, exactamente en el Liceo Cubano en Tampa. Dicha frase entresacada de su contexto puede ser utilizada para lo que se les pueda ocurrir, lo mismo a las juventudes comunistas de la isla, que a los altos mandatarios, quienes generalmente son ignorantes y desconocedores de la obra de José Martí.

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La frase siempre deberá ser citada con las palabras que le preceden, esto es: “Alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos”. Por solo citar un ejemplo entre los tantos que suelen utilizar los manipuladores de su enseñanza. Recordemos las célebres: “Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”, y “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”, a las que se acude constantemente fuera de contexto, y por lo tanto, con pérdida de su verdadero sentido.

3. Es necesario retomar el legado martiano en su verdadero sentido, es decir, apartado de la maléfica influencia del comunismo y del marxismo cubano impuesto desde los tiempos iniciales de la llamada revolución cubana. José Martí es el símbolo de la nación cubana y cualquier asociación con los sucesos que precedieron o han tenido lugar durante las casi seis décadas del socialismo en Cuba constituye un agravio al más colosal de los cubanos. Deberá suprimirse de una vez y para siempre la asociación que el delirante dictador Fidel Castro impuso entre el aglutinador de los luchadores cubanos del fin del siglo XIX y cualquier suceso en relación con los hechos sucedidos a partir de 1959, o que de manera previa, como es el caso de los asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, estuvieran en relación con la revolución castrista (por la absurda y delirante idea de Fidel Castro de declarar al Maestro como autor intelectual de sus acciones terroristas). Los fracasados asaltos a los Cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes fueron acciones de carácter terrorista que no deben manchar la inmaculada imagen del Apóstol cubano.

4.- El pensamiento humanista, profundo, impregnado de la esencia de un idealismo asimilado desde su niñez y afianzado definitivamente durante su juventud bajo la influencia del Krausismo Español y del misticismo del filósofo español Jaime Balmes, se aparta demasiado de las malévolas ideas del dictador cubano Fidel Castro, autoreconocido como ateo, marxista y comunista en contraposición con el idealismo martiano y su peculiar sentido de la religiosidad; sin que olvidemos que, mientras el Apóstol resumió en los Estatutos del Partido Revolucionario Cubano la idea de una guerra necesaria, la cual debería hacerse con inmediatez según su concepción de que “la guerra no ha de ser para el exterminio de los hombres buenos, sino para el triunfo necesario de los que se oponen a su dicha”, el delirante dictador Castro se mantuvo incitando a numerosos gobiernos de Latinoamérica y África a asumir actitudes guerreristas, siendo el responsable máximo de la muerte de centenares de jóvenes cubanos, a los que envió como soldados a territorios africanos como parte de la política expansionista de su régimen, aunque bajo el ropaje del internacionalismo proletario, el anticuado principio comunista copiado de los soviets. La infinita bondad y el sentido de la justicia de José Martí están bien distantes de cualquier fechoría de un narcisista y megalomaníaco ser que destruyó completamente a la nación cubana, cuyo desempeño estuvo caracterizado por una serie secuencial de errores, reveses y derrotas, hechos que le hicieron acudir de modo premeditado a la sagrada imagen del más extraordinario de los cubanos, que cual escudo auxiliador le sirvió como talismán en sus fechorías.

Con estos puntos bien precisados resulta imprescindible que los cubanos actuales intentemos acercarnos al estudio de la obra del Maestro, cuyo aniversario 166 de su nacimiento estamos recordando un día como hoy 28 de enero.

La sabia palabra del Apóstol podrá conducirnos por los intrincados senderos de la complejidad humana en sus diversas aristas, y más allá de su entorno social poder penetrar en la “excelsitud del orbe espiritual” del universo. Esto nos permitirá llegar a asimilar esa concepción que José Martí definió como “el universal sublime armónico sintético conjunto”. Esto nos hará libres, pensadores profundos y hombres de acción, con lo que honraremos verdaderamente al Maestro y Apóstol

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Alberto Roteta Dorado / Tenerife 

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