En la cara de Trump


Abundan estos días las crónicas que hablan del auge de una nueva izquierda femenina en Estados Unidos a la que, púdicamente, no se atreven a llamar izquierda socialista porque saben que nadie quiere en ese país ser descrito con ese sustantivo. Están la alcaldesa de San Francisco, London Breed la única verdaderamente relevante elegida hasta ahora para el cargo al que competía. Y se incluye en la lista a un número significativo de aspirantes como Stacey Abrams, candidata a gobernadora del estado de Georgia, y la mayor revelación de todas, Alexandria Ocasio-Cortez, una joven de 28 años que ha derrotado a Joseph Crowley, un veterano demócrata que fue elegido para la Cámara de Representantes en 1998.

El sistema político norteamericano permite que una mujer como Ocasio-Cortez, militante de los Socialistas Demócratas de América, pueda ser candidata de otro partido. Lo que para ella es muy conveniente porque sabe que sus ideas de extrema izquierda dificultarían una victoria electoral si se presentara simplemente como candidata de los suyos. Los Socialistas Demócratas de América abandonaron la Internacional Socialista (IS) el año pasado ante la supuesta deriva liberal de la IS -de la que estoy seguro que Pedro Sánchez no se ha enterado porque jamás la consentiría. Pero también me gustaría saber por qué Ocasio-Cortez admite la compañía de tantos demócratas de valores y políticas bastante conservadores si no puede estar en compañía de Jeremy Corbyn o Yorgos Papandreu por que no son suficientemente de izquierdas.Días atrás leí una crónica sobre el auge de esta nueva izquierda en un diario español. Me fascinó la afirmación de que este nuevo movimiento femenino de izquierdas «ha explotado en la cara de Donald Trump» Y me quedé francamente preocupado. Si creen que así van a echar a Trump del poder, están arreglados. Nada puede garantizar mejor la reelección de Donald Trump que un Partido Demócrata escorado a la extrema izquierda. Que es un factor mucho más relevante que el género femenino de estas candidatas. El Partido Demócrata ya ha tenido mujeres que han llegado a las más altas magistraturas de la Unión, como Nancy Pelosi, que ha sido presidenta de la Cámara de Representantes y ahora es jefa de la minoría en ese parlamento.

Muchos se empeñan en presentar la derrota de Hillary Clinton -la primera candidata a la Presidencia en las filas de uno de los dos grandes partidos- como un ejemplo de rechazo a la mujer y a sus ideas de izquierda. Es difícil saber lo que pensaba cada votante. Pero lo que es seguro es que Clinton fue derrotada por el candidato más inelegible de la historia de Estados Unidos -de todos los que han llegado a la Casa Blanca; entre los que no lo hicieron los había mucho peores. Fueron su historial personal y el de su marido los que facilitaron la victoria de Trump.

Si Donald Trump y el Partido Republicano pueden presentar evidencias a la opinión pública norteamericana de que el Partido Demócrata está en manos de gentes como Alexandria Ocasio-Cortez, sus posibilidades de revalidar su victoria en 2020 son inmensas. Al tiempo.

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Ramón Pérez-Maura/ Madrid

 

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