La “flexibilidad”de Ortega


Esta semana Ortega ha continuado su intento, a través de entrevistas, de cambiar la percepción internacional sobre su gobierno y su  responsabilidad personal en la masacre. Y, de paso, armar su juego frente a presiones externas mientras, a su vez, reprime las presiones internas.

En todas las entrevistas, y en el discurso del aniversario de la Fuerza Área, Ortega ha repetido cinco afirmaciones, todas orientadas a la aglutinación de su limitada base política y, de paso, a la preparación de sus partidarios para concesiones que  hará.

Las afirmaciones de Ortega son:

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La crisis fue producto de una conspiración golpista, de una minoría terrorista, financiada por el imperialismo (lo dijo en Telesur, pero se cuidó de no decirlo en CNN y Fox). Kilómetros de gente manifestándose son minoría terrorista.

Esa minoría terrorista es de derecha, ignorando la naturaleza pluriclasista de protestantes, y que muchos de los muertos, presos y desaparecidos son de sectores populares, por la desigual composición social de Nicaragua.

Los muertos, entre los que Ortega solamente cuenta policías y partidarios, son producto de un conflicto armado. Niega, así, la documentada evidencia de la naturaleza cívica de la protesta, y que la casi totalidad de muertos estaban desarmados. Su insistencia en la condenable incineración y festejo de un partidario suyo, no niega el carácter cívico de la protesta, como tampoco lo niegan casos aislados de respuestas con armas de fuego, de algunos entre una población agredida.

Cuarta mentira, estamos volviendo a la normalidad.

Y quinta, no a las elecciones anticipadas.

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Ortega sabe que no es viable mantener el plazo para la realización de elecciones hasta noviembre de 2021. Los órganos de inteligencia de la policía y el ejército, le han informado que la inconformidad con su gobierno es mayoritaria. Ortega también sabe que es imposible recuperar el crecimiento económico, y que las finanzas públicas muestran la fatiga que anticipa una crisis.

En ese contexto, es posible que Ortega se “flexibilice” y conceda un anticipo de elecciones para finales de 2020 o inicios de 2021, buscando que la comunidad internacional se dé por satisfecha, y a la vez intentar romper la unidad de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia, que insiste en la realización de elecciones el próximo año.

Esa y otras “flexibilidades” de Ortega, además de tramposas, no cambian la naturaleza del gobierno. Además, no se compadecen con la posibilidad de recuperación de la economía, aunque detenga agresiones contra el sector privado, pues ya perdió la confianza. Y menos se compadecen con el clamor de justicia y democracia de familiares de asesinados, heridos y perseguidos, y de todo un pueblo que ha enfrentado, desarmado y a pecho descubierto, las balas represivas.

Edmundo Jarquín / Nicaragua 

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