Las Razones de un Enfado


Jurídicamente no hay ninguna posibilidad de que podamos proteger a las empresas alemanas ante las decisiones del gobierno norteamericano». Con estas crudas palabras expresaba ayer el ministro federal alemán de Economía, Peter Altmaier, la situación real que afrontan los europeos. Aquí está la causa real del inmenso enfado europeo, mucho más que en sus exagerados miedo a una guerra nuclear que tan buen eco histérico tienen en los medios del continente. Más allá de las majaderías de la izquierdista Federica Mogherinique pretende que el Acuerdo subsiste sin Estados Unidos. Todos saben que eso es una fatuidad ideológica de la jefa de exteriores de la Comisión que equivoca mucho sus deseos con la realidad.

«Veremos qué se puede mantener con vida del acuerdo sin la gigantesca potencia económica», decía Angela Merkel. Se habla de economía y no de guerra nuclear. Porque el problema está en que se aplaudió un acuerdo muy desequilibrado en favor de Teherán por motivos económicos. Había que entrar masivamente en el mercado de un Irán deseoso de inversiones y liberado de sanciones.

Ahora quienes no secunden las sanciones que reintroduce Estados Unidos contra Irán se cierran las puertas en Estados Unidos. Más allá de garantías e indemnizaciones por contratos ya en marcha. Los europeos buscan formas de limitar los daños para una situación que se había anunciado, pero que se empeñaron en creer que no llegaría.

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La manía de creer que Trump iba a olvidar sus promesas electorales jugó otra mala pasada a los europeos. Como siempre con Trump, creían que era un farol.

Él ya había calificado en 2016 de «pacto peligroso para la seguridad de Estados Unidos» el Acuerdo. Abandonarlo era, con la retirada de otros acuerdos multilaterales y el muro en la frontera mexicana, una oferta estrella en el programa y la campaña.

No se sabrá si se pudo haber convencido a Irán de que era insostenible el acuerdo arrancado a un Obama deseoso de algún éxito. No se intentó. Todos quisieron doblarle la mano a Trump, no a Irán. Y el presidente de Estados Unidos ha demostrado ser al menos tan firme como los mullahs.

 

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