Luna Nueva en Géminis


A unas pocas horas de esta lunación en el signo de Géminis, la Luna se alinea con Venus en Tauro, ayudándonos a tener una velada de sábado agradable algo que también se sintió el viernes a la noche. Las energías venusianas traen aires de armonía y nos ayudan a curar relaciones y disfrutar de la compañia de diversas personas. Todo esto ayudado por el hecho que es el momento de una luna nueva en el signo de la dualidad, de la comunicación, regido por el mensajero de los dioses Hermes. Géminis es el signo del habla fácil, diverso, abundante, rápido, curioso, ágil, que nos enseña que se puede hablar por horas y no necesariamente comunicar. Pero eso sí, en este signo el impulso es conectar, preguntar, conversar, en definitiva, producir el acercamiento necesario para que podamos relacionarnos y compartir. Su curiosidad y simpatía son difíciles de resistir y uno siempre termina hablando con Géminis, que siempre sabe un poquito de todo, lo suficiente, para crear conversación y conectar. El intercambiar ideas es algo que fascina a este signo de los gemelos, que da sentido a lo que conocemos como Ying y Yang, que nos muestra que se puede ser más de uno en el mismo cuerpo.

Unos de los mellizos que describen el viaje mítico de Géminis son Castor y Polux, o Diócuros. Son hijos de Zeus y Leda y son hermanos de Helena de Troya y Clitemestra. Se dice que Zeus se convirtió en cisne para seducir a Leda y que la misma noche de esa unión, Leda también se acostó con su marido Tindáreo, rey de Esparta y es así que ella concibió los cuatro hijos de la siguiente manera, con Zeus: Pólux y Helen y con su marido: Cástor y Clitemestra. Así que uno era hijo de un dios y por ende inmortal y el otro con un humano, por tanto mortal. Viajaron con Jasón y sus argonautas y ayudaron a rescatar su hermana Helena de las garras de Teseo. En una de sus aventuras, Castor murió y Polux le pidió a su padre Zeus que le dejara compartir su inmortalidad con su hermano para salvarle y es así que Zeus se apiadó de ellos y los llevó al Cielo y los convirtió en la constelación de Géminis.

El otro mito que también describe el arquetipo de este signo es por supuesto Hermes, quien fué concebido una noche, a la mañana siguiente ya nacía y por la tarde ya había inventado la Lira y había robado el ganado de su hermano Apolo. Hermes por su astucia y simpatía es perdonado por los dioses, especialmente su padre Zeus y convertido en el mensajero de los habitantes del Olimpo (los dioses). Estas dos facetas de Géminis, como son su dualidad eterna, su picardía y astucia, hacen que uno raramente pueda enojarse con ellos y se les disculpen sus mentiras y travesuras. Aún así, es el desafío de Géminis manejar y encontrar balance entre esos mellizos internos, uno divino y el otro mortal. En el caso de los Géminis menos conscientes de este proceso interno, es fácil caer en la necesidad de sólo tratar de vivir el lado divino y “bueno” y encontrar fuera “siempre” al otro lado de su misma psique, al “malo” o mortal. Géminis busca ese gemelo en casi todas sus relaciones y poder así depositar el lado “oscuro” en el otro y poder así ser siempre el lado alegre y bueno. Esta es por supuesto, una tarea imposible por mucho tiempo, pues siempre algo detonará el mellizo oscuro y caerán en sus angustias y a menudo depresiones, casi siempre cuando el depositario de su lado más oscuro reacciona y lo confronta.

Esta lunación en Géminis nos invita a comunicarnos, a establecer contacto con gente y exponer nuestras ideas y sobre todo, escuchar la de los demás. Júpiter forma una oposición a esta lunación desde Sagitario y también a Mercurio, regente de esta luna nueva. El conocer gente de diferentes culturas es una posible consecuencia de ello, pero a un nivel más profundo, esto también nos recuerda que la charla por la charla no necesariamente significa comunicación. Júpiter busca la verdad y ésta trae consigo aspectos que nos confrontan con una realidad que buscamos escapar en excesiva conversación superficial. Es aquí donde el ejercicio de “escuchar” puede otorgarnos ese balance necesario para no alejarnos demasiado de la realidad, hablando compulsivamente pero no comunicando. Hablar, es para Géminis asegurarse que no conectan con su interior y evitar así la confrontación con ese hermano mortal y menos “simpático”.

El desafío de este mes, también llega de la mano de Neptuno, que forma una cuadratura a la Luna Nueva en Géminis, invitándonos a escapar la realidad aún más, en la forma de “diversión excesiva”. Si eres músico o desarrollas alguna actividad creativa, este puede ser un momento mágico, donde ese “escapar” produzca verdadera conexión creativa entre nosotros. La música es una buena lección para los Géminis, pues nos ayuda a conectar sin necesariamente hablar. Nos conecta con el lado derecho del cerebro que no necesita de palabras, sino de imágenes, olores, sonidos, vibraciones; la música nos ayuda a transcender religión, política, nacionalismos, racismo, y es allí donde radica la verdadera conexión con los demás, que no necesita de tanto bla-bla sino de “sentir” en vez de “entender”, una de los grandes desafíos para Géminis.

Con Júpiter en su signo opuesto por única vez hasta dentro de 12 años, esta Luna Nueva en Géminis cobra una importancia suprema para este signo, y para todos los signos mutables: Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis, ya que están o mejor dicho estamos (todos tenemos un poquito de ello) siendo llamados a reflexionar sobre la “comunicación real”. Aquella en la cual decimos algo acerca de nosotros, más auténtico, más verdadero, para que aprendamos a apagar ese ruido verbal, que a menudo nos confunde más que nos conecta.

La levedad de ser de Géminis es una bendición en muchas ocasiones, eso sí, si nos aseguramos que no es “siempre”, para que podamos echar verdaderos lazos entre nosotros, más auténticos y duraderos y sobre todo que produzcan verdadera transformación a través de una conversación.

Por último, Pallas Athena forma un aspecto de ayuda a esta lunación, recordándonos que hay muchos tipos de relaciones y de cada una de ellas podemos beneficiarnos y aprender algo de esa fascinante dimensión que somos cada uno de nosotros. El viaje es mucho más mágico si nos atrevemos a vivir los dos mellizos en nuestro propio interior con consciencia, amor y respeto por ambos.

Christina Laird / España 

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