Marcar la diferencia


En un nuevo gobierno, que pronto tendremos, no habrá presos políticos, y la primera decisión de ese nuevo gobierno será liberar a los actuales.

Se trata, desde ahora, de marcar la diferencia. El gobierno actual difundió esta semana fotografías de algunos presos políticos en aparentes buenas condiciones de trato carcelario, en lo que a mí me ha parecido una señal que Ortega, en efecto, estaría programando asistir la próxima semana a las Naciones Unidas, como tanto se ha especulado sin que hasta ahora, oficialmente, se haya confirmado. A Ortega le ocurriría lo mismo que está pasando con sus diplomáticos en el extranjero, que cuando argumentan, mostrando las fotografías, que en Nicaragua no se viola los derechos humanos, las Cancillerías ante las que están acreditados únicamente les hacen una pregunta: si tan bien tratan a los presos, ¿por qué no atienden las reiteradas solicitudes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para visitar las cárceles?

¡Y qué decir de los muertos, heridos, desaparecidos y exiliados! Precisamente, la sanguinaria represión del régimen de Ortega es culminación de la manifestación de intolerancia de la cual dio muestras desde el inicio de su gobierno en enero de 2017. Recuérdese que el primer acto de su gobierno, evitando el debate legislativo en una Asamblea Nacional que no controlaba, fue establecer por decreto los Comités del Poder Ciudadano (CPC). Desde ahí, pasando por fraudes y exclusiones electorales, incluyendo entonces represiones selectivas, hasta culminar en la masacre de manifestaciones desarmadas, todo ha sido una sucesión de actos de intolerancia frente a cualquier discrepancia.

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Precisamente, la esencia de la democracia es la tolerancia frente a la discrepancia. Y comentamos esto, a propósito que debemos desde ahora marcar la diferencia con el régimen de Ortega, pues recientemente, con motivo de las fiestas patrias, la Alianza Cívica y otras organizaciones han emitido declaraciones y propuestas que apuntan hacia la recuperación de la democracia una vez que finalice el gobierno de Ortega. Esas propuestas, con diversos grados en los detalles, apuntan todas en la misma dirección que es recuperar, en un marco de ejercicio pleno de las libertades democráticas, la inevitable diversidad de opiniones y criterios que el régimen de Ortega ha intentado, inútilmente, aplastar.

Lo que nos une ahora es la lucha contra esta dictadura. Y la pluralidad social, económica y política de quienes integramos esa lucha, no debe en ningún caso afectar la necesaria unidad, porque en todo caso se trata de unidad para recuperar la pluralidad política que Ortega se ha encargado reprimir.

Edmundo Jarquim / Nicaragua

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