El Mega Triunfo de la Derecha en Brasil


Luego de que el Tribunal Superior Electoral rechazó con firmeza la disparatada propuesta de Luiz Inácio da Silva como aspirante a la presidencia de Brasil quedó bien definido que el triunfo sería para Jair Bolsonaro, representante del Partido Social Liberal, o el candidato de la ultraderecha, como se le ha acuñado desde que comenzó en sus andanzas en pos de lograr cierta popularidad que le favoreciera en su afán por ocupar la presidencia de la mayor de las naciones de Suramérica.

De modo que este triunfo que acaba de tener al alcanzar este domingo el 55.34% de los votos frente al 44.66% que logró Fernando Haddad, con el 98.38% de los votos escrutados, no nos sorprendió, al menos a aquellos que hemos estado al tanto del acontecer político de una región que cierra de esta manera su gran ciclo eleccionario que incluyó los procesos de Paraguay, México, Costa Rica y Colombia, así como los de Cuba y Venezuela, si es que se pueden incluir estas dos últimas naciones dentro de lo que se denomina elecciones propiamente dichas.

 Brasil: Seguidores del presidente electo, Jair Bolsonaro, celebran el triunfo electoral. Foto AP

No voy a referirme a los perfiles biográficos de ambos candidatos enfrentados en esta segunda vuelta o balotaje toda vez que ya ha sido tratado en otros escritos que he dedicado al asunto de las elecciones de Brasil. Tampoco comentaré acerca de las acusaciones que sobre ambos líderes políticos se han estado haciendo constantemente, por cuanto no conducen a nada útil, y mucho menos ahora, justo en este momento cuando ya están establecidos los datos porcentuales que definen a uno u otro aspirante a la presidencia.

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Si bien Jair Bolsonaro no es el hombre ideal – tampoco son ideales la mayoría de los presidentes de América Latina y están ocupando sus cargos– para encausar a una nación que, ante todo, está decepcionada y confundida, era la única opción. Recordemos que algún que otro candidato de los que se presentaron en la primera ronda tenían ciertos perfiles biográficos como para poder salvar a la enorme nación; no obstante quedaron eclipsados por los dos candidatos que lograron pasar al balotaje.

Como todos conocen Fernando Haddad fue promovido de la noche a la mañana por Lula da Silva, y de haber ganado estos comicios aseguraba un continuismo político que comenzó con el propio Lula da Silva, actualmente en prisión por graves delitos de corrupción, y que continuó con Dilma Rousseff, destituida de su cargo presidencial por iguales delitos; aunque los remanentes del Socialismo del siglo XXI se empeñan en querer creer que se trata de persecuciones políticas y de manipulaciones procedentes de un “imperio”, cuyo líder no creo que tenga tiempo de ocuparse de las trivialidades de una nación que jamás ha sido el centro del mundo.

Con la llegada de Bolsonaro al poder se pondrá fin a un capítulo bien tenebroso de la historia de Brasil, lo que presupone el ocaso definitivo del Partido de los Trabajadores, así como de cualquier remanente de las tendencias socialistas que fueron difundidas con fuerza por los desparecidos dictadores Hugo Chávez y Fidel Castro, y que prendieron en tierras brasileñas bajo el maléfico auspicio de Lula da Silva.

Seguidores de Jair Bolsonaro celebrando su triunfo electoral en Brasil Foto AP

El exmilitar con mano dura y mente firme tal vez pueda frenar un tanto el fenómeno de la corrupción del país, uno de los puntos más álgidos que durante décadas ha ocasionado el rechazo político, la incertidumbre, la indiferencia y la desmotivación política, lo que pudiera revertirse en beneficio de una nación tan desorientada que las multitudes apoyaron hasta el último momento a un candidato de la izquierda en prisión.

Pero la llegada de Bolsonaro a la presidencia de Brasil tiene grandes implicaciones para la región. Los regímenes de Venezuela y Cuba –Bolivia no cuenta para nada y Nicaragua es tan solo una sombra espectral– quedarían definitivamente aisladas y sometidas a un ostracismo cada vez mayor, lo que definitivamente y de modo inevitable les conducirá a su autodestrucción. Mientras que las relaciones con el resto de las naciones del continente, principalmente con las de Suramérica se podrán consolidar y de manera inteligente llegar a constituir bloques en pos del desarrollo económico y del progreso social.

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Por ahora esperemos los primeros meses de desenvolvimiento del nuevo presidente de Brasil. Las miradas de la comunidad internacional están enfocadas sobre aquel que ha sido acusado de racista, xenófobo, homofóbico, entre otras tantas cosas, y que no obstante, se alzó con el triunfo definitivo.

Al menos se ha logrado detener la propagación del socialismo regional, lo que ya es per se un logro. El tiempo dirá el final de una historia que recién comienza y que se extenderá durante los próximos cuatro años.

Alberto Roteta Dorado/ España

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