Mexico: Ganó López Obrador, ¿y ahora que?


¿Un chavista o un socialista moderado? Este es el gran enigma que rodea a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el que era gran favorito para ganar las elecciones que tuvieron lugar ayer, como finalmente sucedió este domingo 1 de julio en México. El veterano político tabasqueño, de 64 años, concurre por tercera vez a unos comicios tras perder en 2006 contra Felipe Calderón, por apenas 250.000 votos de diferencia, y en 2012 contra Enrique Peña Nieto«La tercera es la vencida», ha repetido constantemente durante la campaña un político que, de acuerdo con varias encuestas, obtendrá más de un 50% de los votos, un pronóstico que si se cumple convertirá a Obrador en el presidente de México hasta el 2024.

Con esta amplia ventaja, López Obrador acude a los comicios liderando la extraña coalición «Juntos Haremos Historia», formada por los partidos de izquierda Morena y el Partido del Trabajo (PT), junto con el conservador Encuentro Social. Mientras que Morena y el PT son partidos progresistas y socialistas, centrados sobre todo en reclamar una mayor repartición de la riqueza en un país donde la mitad de la población es pobre, Encuentro Social es una agrupación evangélica conservadora cuya prioridad es combatir el aborto o el matrimonio entre personas del mismo sexo, una curiosa mezcla de ideologías que generan una gran incógnita alrededor del rumbo que tomará la probable presidencia de AMLO.

Y es que el ambiguo discurso que ha mantenido a lo largo de toda la campaña electoral provoca un sentimiento encontrado a la hora de analizar la profundidad de los cambios que «El Peje», como le apodan, implementará en México. De hecho, el candidato ha hablado durante la campaña de que su objetivo es materializar la cuarta transformación de México, después de la independencia de España en 1821, la aprobación de las Leyes de Reforma entre 1855-1863 y la Revolución Mexicana de 1910. Su gran objetivo, con esta cuarta transformación, es poner fin a la corrupción y acabar con los gobiernos de centro derecha del PRI y del PAN que han gobernado México durante más de 80 años.

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«Quiero ser como Benito Juárez, como Francisco Madero y como el general Lázaro Cárdenas», ha dicho una y otra vez López Obrador, una retórica con la que emana unos aires de grandilocuencia al compararse con tres figuras históricas de México. Juárez aprobó las Leyes de Reforma para separar Iglesia y estado, Madero fue uno de los líderes de la Revolución Mexicana y Lázaro Cárdenas el presidente que en los años 30 nacionalizó la industria del petróleo, por lo que expropió los activos de las compañías extranjeras para crear Pemex, la compañía estatal que monopolizó el sector hasta 2013.

Precisamente las claves para descifrar el enigma López Obrador es ver qué hará, primero, con la reforma energética de 2013, legislación que permitió de nuevo la inversión extranjera en el sector petróleo pero que AMLO amenaza con echar abajo. Y, segundo, aclarar si el desarrollo del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México se llevará acabo, una megaobra de 117.000 millones de pesos (unos 5.000 millones de euros) que AMLO ha calificado de innecesaria, costosa y plagada de corrupción. El futuro de estos dos proyectos será esencial para decantar la balanza entre aquellos que lo definen como un socialista moderado y los otros que lo ven como la versión mexicana de Hugo Chávez.

Adrián Espallargas / Mexico

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