Mexico: Los tres del Patíbulo


A horas del proceso electoral presidencial mas importante de Mexico les ofrecemos, cortesía de la Agencia AFP, el pérfil de los tres candidatos con más oportunidad de ganar.

Candidatos López Obrador, Meade y Anaya

El “Joven Maravilla”

Delgado y de facciones adolescentes, apodado el “joven maravilla” por su vertiginoso ascenso político, Ricardo Anaya busca ser presidente de México con la promesa de gobernar inspirado más en líderes de Silicon Valley que en la rancia política. Con 39 años, Anaya es de los candidatos presidenciales más jóvenes del México contemporáneo. Aparece segundo en la mayoría de las encuestas, perfilándose hasta ahora como el principal retador del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, que acude a la elección del domingo como claro favorito. Anaya, del conservador Partido Acción Nacional (PAN), es impulsado por una coalición de derecha e izquierdas. De estilo fresco, muestra sus propuestas en exposiciones dignas de Apple o Google. Domina el inglés y el francés, destaca su agilidad mental y una memoria que algunos califican de “asombrosa”“La pregunta fundamental que van a responder los electores es continuidad o cambio. Yo propongo que construyamos juntos un cambio inteligente”, dijo Anaya ante una complacida audiencia de banqueros. Fue apodado “El joven maravilla” por periodistas que cubrieron su labor como líder de la cámara de Diputados (2013- 2014). Algunos lo recuerdan ordenando alborotadas entrevistas de pasillo o atendiendo uno por uno los pedidos de mejoras para la sala de prensa.

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Maquiavélico

Personajes cercanos lo describen como ambicioso, perfeccionista, impaciente y muy preparado. Pero otros piensan que reúne el perfil de un político maquiavélico. “No ganaría un concurso de popularidad porque los que se sientan atrás en el salón (de clase), los que no hacen su tarea, no lo ven con tan buenos ojos”, dice el expresidente del izquierdista Partido de la Revolución Democrática (PRD) Agustín Basave. “Hay quizás un poco de envidia embozada”, agrega el diputado, quien negoció con Anaya cruciales alianzas entre PRD y PAN para arrasar en comicios estatales de 2016. En su primer encuentro, Anaya recitó de memoria un fragmento completo de un libro de Basave. El exitoso experimento selló la actual alianza presidencial.

 
La coalición arrebató siete de 12 gobernaciones al PRI quebrando definitivamente los consensos urdidos al inicio de la presidencia de Enrique Peña Nieto y que condujeron a las llamadas reformas estructurales, consideradas el principal legado de su mandato. Anaya habría optado por dinamitar ese romance con el PRI ante evidencias de que erosionaba la credibilidad del PAN. “Peña Nieto lo detesta, lo ve con enorme y profunda antipatía. Dicen que es porque Ricardo pasó de ser un político negociador a un político de oposición muy dura, muy frontal, casi radical”, afirma Basave. Decisiones como esta han hecho que feroces detractores, entre ellos poderosas figuras del PAN como el expresidente Felipe Calderón y su esposa, la candidata presidencial independiente Margarita Zavala, pinten a Anaya como un político inescrupuloso y desleal. “Anaya estaba dispuesto a destruir su propio partido, a socavarlo, a dividirlo en múltiples partes, para hacerse de la candidatura presidencial”, dice Pamela Starr, internacionalista y directora de la US-Mexico Network de la Universidad del Sur de California. Pero la mayor factura para Anaya es la acusación de que estaría involucrado en una operación inmobiliaria con recursos ilícitos, investigada por la fiscalía general. Anaya reaccionó pidiendo a Peña Nieto que “saque las manos” de la elección, mientras 60 personalidades mexicanas denunciaron en una carta el uso de la fiscalía para una persecución política.

Resiliencia

“Se crece al castigo”, comenta Basave, mientras la senadora Marcela Torres, considerada su “madre” política, subraya que su determinación ha sido clave desde que a los 17 años tocó su puerta porque quería trabajar por la juventud de su natal Querétaro (centro). “Lo vi muy decidido, muy jovencito y muy atento a hacer eso en lugar de estar pensando en fiestas”, recuerda Torres, amiga de la madre de Anaya. Aunque su familia es próspera, cultiva una imagen austera, con trajes sobrios y su único adorno es una pulsera artesanal con la palabra México. Padre de tres hijos, está casado con Carolina Martínez, su novia desde el bachillerato. Pero Anaya puede sorprender por su audacia: cuando el tráfico de la capital mexicana arrecia, tiene listo un casco y traje especial para montarse en una moderna motocicleta.

López Obrador “el giro radical”

“Soy terco, es de dominio público”, admitió Andrés Manuel López Obrador al arranque de su campaña electoral en México. Si hay algo que le reconocen al candidato izquierdista es su tenacidad, que este domingo pone a prueba en su tercer intento por ocupar la silla presidencial. “Con esta misma convicción actuaré como Presidente de la República (…) rayando en la locuela de manera obcecada”, señaló al ser ratificado como candidato de la coalición que encabeza su partido Morena. Sus allegados lo certifican. “Yo creo que es un hombre cuya cualidad principal es la tenacidad”, dijo a la AFP el escritor e historiador mexicano Paco Ignacio Taibo II, conocido simpatizante de López Obrador. “Eso y el hecho de que es un hombre infatigable, lleva años recorriendo el país”, añadió. “De repente uno se pregunta: ¿Dónde andá Andrés? Y está en un estadio en Chiapas (sur), luego aparece en Tabasco y tres horas más tarde en Ciudad de México”, narró.

Un presidente “austero”

López Obrador, mejor conocido como AMLO, busca desmarcarse de la clase política que ha gobernado México en casi un siglo y se presenta como un adalid contra la corrupción. Como prueba, insiste en que será un presidente austero: no usará el avión reservado a presidentes y planea convertir la famosa residencia presidencial en un centro cultural. “Voy a obtener la mitad del sueldo de lo que recibe actualmente el Presidente de la República”, asegura. Esa lucha contra la corrupción caló muy hondo entre los mexicanos, hartos de los excesos de las élites políticas -a las que López Obrador llama la “mafia del poder”– y de los escándalos de la administración del sexenio de Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI). “Logró un proyecto que equilibra tres cosas: la guerra contra el narco, la guerra contra la corrupción y la guerra contra el proyecto neoliberal que ha sido muy dañino para México”, detalló Taibo. López Obrador llama a su movimiento “la cuarta transformación de México”, y se compara con héroes de la historia nacional como Benito Juárez (1806-1876), figura clave en la construcción de la República en el siglo XIX.

“Andrés Manuelovich”

Sin embargo, muchos mexicanos le critican su falta de propuestas concretas para gobernar la segunda economía latinoamericana, durante la era de Donald Trump. “Lamentablemente nunca ha sido claro”, dijo Fernando Dworak, analista político. “Ha centrado cualquier solución en torno a su figura y a su capacidad personal para resolver asuntos”, añadió a la AFP. De “populista” a “gran peligro para México” que podría seguir los pasos de Hugo Chávez en Venezuela: las críticas contra AMLO llovieron durante la campaña, incluso con avisos publicitarios que cuestionaban la salud del candidato. “Ahora soy Andrés Manuelovich”, dice sonriente en un video, reproducido viralmente, para mofarse de las denuncias de una potencial injerencia rusa en su favor. Y muchas de sus propuestas para dar un “giro radical” en México han disparado las alarmas. Su proyecto para la nación 2018-2024 incluye reducir los salarios de funcionarios públicos en un 50%, asegura que no aumentará impuestos ni la deuda pública y prometió el fin de la reforma energética. Varios empresarios lo han enfrentado, entre ellos el magnate Carlos Slim, quien cuestionó su plan de detener la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Y AMLO le respondió: si Slim cree que el aeropuerto es buen negocio “que lo haga con su dinero”. López Obrador deja un reguero de frases polémicas en sus campañas electorales en las que tiene vasta experiencia, hechas de más derrotas que de victorias. En 2006 y 2012 buscó infructuosamente la presidencia de México.

Irse a la chingada”

Sus críticos lo tachan de mal perdedor luego de que tras la elección de 2006, que perdió por solo 0,56%, desconociera los resultados y bloqueara la vital avenida capitalina Paseo de la Reforma por semanas. Incluso se autonombró “presidente legítimo de México” en un evento en el que hasta se puso una banda tricolor en el pecho.

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Originario de Tabasco (sureste), “El Peje”, como también se le conoce, inició su carrera política en las filas del PRI que después abandonó para sumarse al Partido de la Revolución Democrática (PRD). En 1994 buscó el gobierno de su estado natal, que no consiguió, aunque para el año 2000 brincó a la escena nacional al convertirse en jefe de Gobierno de Ciudad de México. Se le dio por muerto de la escena política en varias ocasiones. “Por caernos y volver a levantarnos y volver a caernos y volver a levantarnos”, dijo en el acto de cierre de campaña, acompañado de su segunda esposa Beatriz y sus cuatro hijos. Esta vez, se ha trazado metas claras: triunfar o irse a “la chingada”, popular expresión mexicana que significa abandonar la carrera. Pero él da por sentado una victoria. Aficionado al béisbol, ha dicho que esta vez ganará por “blanqueada”, es decir, sin recibir carreras de la escuadra rival.

Meade, a la sombra del PRI

Nadie cuestiona su inteligencia, su capacidad en la administración pública y su carácter sencillo. Sin embargo, José Antonio Meade, un político sin militancia, no consiguió liberarse del lastre del oficialista PRI, tachado de corrupto, y llega a la presidencial mexicana con pocas oportunidades. De 49 años, a Meade la candidatura le llegó inesperadamente. Hace poco más de un año, pocos creerían que fuera “el tapado”, como se designa al misterioso futuro candidato del PRI elegido por el mismo presidente. El destino del entonces secretario de Hacienda Meade quedó claro en agosto de 2017, cuando el PRI modificó sus estatutos para abrir las puertas a un candidato externo, sin militancia, en momentos en que en México cunde el descrédito hacia los políticos y los partidos tradicionales. La estrategia fue ideada por el mismo presidente Enrique Peña Nieto, comentó a la AFP la escritora y columnista Martha Anaya. Meade era el “hombre puro” cuya misión era “lavarle la cara al PRI”, el candidato que era visto como capaz de “enfrentar el discurso de honestidad vs corrupción de (izquierdista Andrés Manuel) López Obrador”, favorito en las encuestas, añadió Anaya.

El Candidato “más brillante”

Pero entre su proclamación como candidato, en noviembre, y el arranque de campaña, en abril, el mexicano común no conseguía distanciarlo del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y mucho menos de Peña Nieto, que deja el poder en diciembre tras alcanzar niveles récord de impopularidad entre escándalos de corrupción y la violencia criminal sin precedente que golpea a México. Para el columnista político Fausto Pretelin, la candidatura de Meade sólo era viable si se distanciaba de Peña Nieto y era crítico hacia el PRI, pero no ocurrió así. “Meade demostró ser el candidato más brillante de la contienda electoral, pero no pudo competir contra el entorno de hartazgo social” generado por el PRI, explicó. En campaña, Meade jamás logró conectar con el electorado -destacan los expertos- y su discurso nunca encendió ni en los mitines ni en las encuestas, que lo colocan en un lejano tercer lugar. “Nunca se deslindó de Peña Nieto y resultó tibio, muy novato”, resumió la columnista Anaya al concluir el miércoles la campaña presidencial. “Sólo alcanza, y a duras penas, el voto duro del PRI, al que tuvo que abrazar”.

“En otra dimensión”

Con ascendencia irlandesa y libanesa, Meade creció en una familia católica en la que el arte se encontraba con la política pues su abuelo fue escultor y su padre ocupó cargos públicos y -él sí- es militante del PRI. Meade nunca ha tenido la tentación de afiliarse a un partido. Trabajó en las dos presidencias del conservador Partido Acción Nacional, que gobernó de 2000 a 2012, y fue reclutado por el presidente saliente Peña Nieto cuando el PRI regresó al poder. Ha encabezado cuatro carteras: Energía, Relaciones Exteriores, Desarrollo Social y Hacienda. Goza del respeto y el aprecio de quienes han trabajado con él, que sonríen al recordarlo.

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Estudió al mismo tiempo Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México y Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM, privado). “Estaba en otra dimensión por su inteligencia”, recuerda el columnista Pretelin, quien fue su compañero en el ITAM. Sus vecinos, en un principio aterrados cuando se enteraron de que un funcionario se mudaría, lo conocen por su discreción y su gusto por los tacos de un establecimiento de la zona. Fuera de grabadoras, “Pepé”, como lo llaman sus cercanos, suelta algún colorido “güey” o “cuate”, lleva una seguridad discreta, conduce su propia camioneta y viaja en aerolíneas comerciales. Contrario a Peña Nieto, considerado galán entre los políticos y siempre cuidadoso de su aspecto, Meade, que padece vitiligo, bromea de las manchas en su rostro y de su ligero sobrepeso, aunque, como presumió en un aviso publicitario, ha perdido algunos kilos.

AFP/ TRIANGULANDO

 

 

 

 

 

 

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