El Muro del Dolor de Rusia y el silencio Castrista


El secretismo es una de las singularidades más significativas del régimen castrista. A solo tres años de haberse apoderado del poder Castro ponía en peligro no solo a la nación cubana; sino al mundo. La presencia de los misiles soviéticos en la isla y los intentos de manipulación por parte del dictador más terrible del hemisferio occidental de estos tiempos apenas se conoció por parte del pueblo cubano, a solo un paso de haber desparecido en medio de la gran hecatombe que, por suerte, por obra del destino, por cuestiones regidas y destinadas por las leyes kármicas, o sencillamente por el raciocinio de algunos que más allá de la vanidad, el orgullo y la venganza, supieron tomar decisiones que impidieron las posibles nefastas consecuencias de la crisis de los misiles.

Guardar silencio sobre hechos trascendentales de la historia – sobre todo cuando estos hechos no resultan beneficiosos o convenientes para la tiranía castrista– ha sido un elemento que ha distinguido al régimen que encabezara Fidel Castro por casi cuarenta y nueve años, y que luego asumiría su hermano Raúl, en lo que sería el mayor ejemplo de traspaso de poderes para mantener un continuismo político que garantice una permanencia total del control gubernamental.

De esta forma también se guardó silencio sobre estremecedores hechos que estaban teniendo lugar en la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, y en gran parte de Europa Oriental. El comunismo se desmoronaba cada día por aquellos lejanos lugares y en la Cuba comunista se continuaba entre consignas y supuestos triunfos, ayudas e intercambios, misiones diplomáticas o encuentros culturales; pero siempre ocultando lo que en realidad estaba sucediendo ante el temor de una posible repercusión de aquellas nuevas revoluciones europeas que pretendían desprenderse del peor de los males del presente: el comunismo.

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Cuando ya no quedó otra opción, y ante los sucesos que se desencadenaban a partir de la llamada perestroika de Mijaíl Gorbachov, y su dura sacudida al anquilosado Partido Comunista de la URSS, entonces se informaron escuetamente de manera oficial solo algunos puntos – y siempre desde la perspectiva de culpar a otros por posible injerencia, manipulación, penetración extranjera, etc. – que en realidad no reflejaban la trascendencia de los hechos.

Desde los tiempos iniciales de la “revolución” los líderes comunistas cubanos se encargaron de presentarnos las imágenes estereotipadas de aquellos que serían nuestros dioses. Un conveniente silencio sobre Lósif Stalin y LeonTrotsky, o al menos, un tratamiento discreto y una leve acusación al primero en relación con el culto a la personalidad fueron asumidos ante la conocida barbarie de estos genocidas. En su lugar Vladimir Ilich Lenin ocuparía el centro de la atención para la propagación de un nuevo orden político, social y económico que, además de perverso y destructivo, resultaba muy distante de las aspiraciones y pretensiones del pueblo cubano, para quien se supone se hiciera la revolución que lideraron los barbudos desde la Sierra.

Jamás se supo en Cuba acerca de la sucesión de revueltas populares y rebeliones contra el régimen comunista impuesto en Polonia por Stalin a partir de 1944, ni de las amenazas de muerte y los disparos sobre aquellos que en busca de libertades intentaban pasar la barrera – la real y la simbólica– que separaba a las dos Alemanias, aunque no pudieron ocultar la famosa caída del muro de Berlín, tal vez, el aspecto más trascendental, o al menos, el más difundido de todos los que fueron conformando el establecimiento de nuevas modalidades transitorias que llevarían al triunfo de sistemas democráticos en este grupo de países.

Así las cosas, es de suponer que en Cuba no se haga referencia al Muro del Dolor recientemente inaugurado por el presidente ruso, Vladimir Putin, y el máximo representante de la Iglesia Ortodoxa Rusa, el Patriarca Kiril. Esto pondría en “tela de juicio” al llamado legado ejemplar de la URSS y del comunismo leninista.

Las autoridades cubanas están muy ocupadas en orientar a los medios de prensa lo que debe o no decirse acerca de la situación política de Zimbabwe, y sobre todo desvirtuar la realidad acerca del dictador Robert Mugabe, o en convocar a espacios para debatir las acusaciones sobre los ataques acústicos y presentar sus hipótesis acerca de la manipulación estadounidense como pretexto para la ruptura definitiva de unas relaciones que jamás llegaron a concretarse como acto ante la torpeza del régimen cubano.

Las limitaciones para la comunicación, la pésima disponibilidad de servicios de internet, así como el bloqueo de numerosos sitios, páginas, blogs, y otros medios que tratan la realidad del mundo y de Cuba, impiden que la mayoría de los cubanos tengan el derecho a la información que merecen, por cuanto, es un derecho humano. “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; (…) el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. (Artículo 19. Declaración Universal de Derechos Humanos)

Al régimen de La Habana no le conviene que se conozca de la existencia del simbólico monumento ni las declaraciones recientes de Putin, quien ha evocado “el trágico período” de gran represión masiva en la Unión Soviética, lo que perjudicó a “pueblos enteros”. De igual forma llamó a recordar siempre esta etapa de la historia de Rusia e insistió en que “este terrible pasado no se puede borrar de la memoria nacional”.

El Muro del Dolor, obra del artista Gueorgui Frangulián fue erigido en la avenida del Académico Sájarov, en el centro de Moscú, y constituye un monumento a las víctimas de las represiones del régimen comunista estalinista. “Las represiones no respetaban ni el talento, ni los méritos ante la patria, ni la lealtad a ella”. (…) “Cualquiera podía caer víctima de unas acusaciones falsas y completamente absurdas”, afirmó el primer mandatario ruso.

Su inauguración tuvo lugar a propósito de la conmemoración del día de la memoria de las víctimas de las represiones políticas, algo que en Cuba se desconoce. Resulta significativo que coincidiera con el centenario del triunfo de la Revolución de octubre, suceso que no fue conmemorado por parte del gobierno de Rusia, sino solo por un grupo de representantes del Partido Comunista de este país con una marcha en Moscú.

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En su lugar el gobierno y la principal rama de la iglesia de Rusia evocaron a las víctimas del comunismo soviético como merecido tributo a las almas de los millones de seres que perecieron como consecuencia de los embates destructivos del peor de los males de estos tiempos; y aunque en la mayor de las Antillas se oculte el hecho y la obsoleta cúpula comunista se reuniera en una absurda tenida para conmemorar el centenario de la Revolución de octubre, el simbólico homenaje a las víctimas del comunismo será difundido de manera solapada entre los cubanos, quienes merecen conocer la realidad del mundo, por cuanto, a pesar del aislamiento impuesto por el régimen castrista formamos parte de él.

Alberto Roteta Dorado / Naples, FL

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