Ni las Consignas!


“¡Qué se rinda tu madre!”, el epopéyico grito de Leonel Rugama contra la guardia somocista, resonó coreado por las inmensas masas que se reunieron espontáneamente en las marchas del año pasado, y se volvería a escuchar si el régimen de terror que Ortega ha impuesto se levantara. Lo mismo ocurrió con otras consignas de clara estirpe sandinista, pero ahora voceadas contra la dictadura de Ortega, como también se entonó y se volvería a entonar “Nicaragua, Nicaragüita”, verdadero himno popular de identidad nicaragüense, también expropiada de “su” FSLN.

Decimos de “su” FSLN, porque la privatización orteguista y familiar del partido hace que se torne relevante la distinción que muchos expresos políticos han hecho entre orteguismo y sandinismo, así como en la prisión se confundieron abuelos y nietos del otrora FSLN, junto a liberales, MRS y otros ciudadanos, mujeres y hombres, de diferentes denominaciones, o sencillamente independientes.

Con motivo del 40 aniversario de la revolución sandinista, Ortega está ensayando tres acciones: primero, un esfuerzo inútil para recapturar “históricos” y su descendencia, como si no hubiese la odiosa discriminación de esos sectores y la masacre, heridos, prisión y exiliados. Segundo, celebrar las efemérides sandinistas de julio con formatos que revelan el amplio rechazo de la población al orteguismo, como la caravana vehicular de hoy, en un remedo del histórico “repliegue” a pie a Masaya. Y tercero, la carnetización de funcionarios públicos, familia y vecinos, como si la indiscriminada distribución de carné convirtiera al orteguismo en la mayoría que nunca fue. Y, ¡ay, de aquellos a quienes se distribuyó carnés que no vayan a la concentración del 19 de julio!

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La evolución de la crisis política nos ha conducido a una situación que tiene algunas dimensiones básicas: primero, Ortega puede hacer demostraciones públicas de fuerza, incluida la militarización de las calles y concentraciones, como en el pasado realizó ejercicios electorales en que solamente participó “su” FSLN y partidos políticos subordinados al orteguismo; segundo, la oposición, emblematizada por la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (AC) y la Unidad Nacional Azul y Blanca (UNAB), y otras organizaciones, no tienen ninguna posibilidad de manifestarse y demostrar son mayoría; tercero, la opción de los nicaragüenses, fuertemente respaldada por la comunidad internacional y sus sanciones, es la vía pacífica que se traduce en las negociaciones.

Ortega, definitivamente, no quiere las negociaciones con la Alianza Cívica, porque preferiría otro esquema y no ése que respalda la comunidad internacional y nos mantiene unidos a los nicaragüenses. De modo que si queremos la liberación del remanente de presos políticos, que no haya más presos, se restituyan los derechos democráticos, podamos manifestarnos, y tengamos elecciones adelantadas en condiciones democráticas, la AC debe presionar por la reanudación de las negociaciones.

Edmundo Jarquin / Nicaragua

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