Nicaragua: De la carta de los Obispos y la de la señora Murillo


Rosario Murillo leyó hace pocas horas la contestación del gobierno a la carta enviada por los obispos el día de hoy por la tarde reclamando el establecimiento de condiciones mínimas para el diálogo nacional. Algunos han creído que el Gobierno ha aceptado los términos planteados por los obispos en su comunicación, pero nada más alejado de la verdad. La carta del Gobierno está redactada de manera confusa para dar la impresión de que aceptan cuando en verdad rechazan categóricamente las demandas de los obispos.

Las partes pertinentes de la carta del Gobierno son dos y dicen textualmente:
“Estamos de acuerdo en trabajar cada uno de los puntos ahí planteados (…)”
“Acogemos (…) las proposiciones contenidas en los puntos del 1 al 4 de su carta de hoy”. Todo el resto de la carta es palabrería hueca y sin sentido concreto.

Ninguna de las dos frases mencionadas implica aceptar los puntos planteados por los obispos. Son frases escritas para dar la impresión de que aceptan cuando en verdad los están rechazando. Es un doble lenguaje que ya conocemos, como cuando hablan de amor y al mismo tiempo mandan sus turbas y antimotines a reprimir y asesinar a los estudiantes.

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Veamos cuáles son los puntos planteados por los obispos que supuestamente están aceptando.

Uno, los obispos demandan al gobierno permitir, en el menor tiempo posible, el ingreso de la CIDH para investigar las muertes y desapariciones de nicaragüenses. Aceptar este requerimiento implica enviar comunicación a la CIDH autorizándola a venir al país a la brevedad y comprometerse a colaborar en sus investigaciones.
La carta del Gobierno NO autoriza, ni se compromete a autorizar a lo inmediato la llegada de la CIDH, es decir, no “acoge” sino que rechaza el requerimiento número uno de los obispos.

Dos, los obispos demandan suprimir los cuerpos paramilitares y las fuerzas de choque, y no usar la Policía para ningún tipo de acción represiva. La carta del Gobierno ni siquiera menciona, mucho menos reconoce la responsabilidad de sus “fuerzas de choque” en la violencia represiva generalizada desde el 18 de abril. No dice el Gobierno en ninguna parte que va a disolver a sus turbas y va a cesar la represión policial, por tanto, rechaza también el punto número dos de los obispos.

Tres, también exigen los obispos detener de inmediato y en forma absoluta todo tipo de represión contra los grupos ciudadanos que protestan pacíficamente y asegurar la integridad física de los estudiantes, de los integrantes de la Mesa de Diálogo y de todos los ciudadanos. El gobierno en su carta guarda silencio sobre este punto y no se compromete a detener la represión contra las protestas pacíficas, a las que dice respetar absolutamente. Por el contrario, mientras doña Rosario leía su carta se estaban desarrollando ataques de las turbas en La Concha y en Chinandega, y sólo unas horas antes grupos del gobierno desataron ataques criminales contra los jóvenes de la UPOLI y de la UNAN con saldo de 2 muertos y un número desconocido de heridos. El colmo es que el Gobierno ni siquiera se comprometió a garantizar la integridad física de los integrantes de la Mesa de Diálogo, mucho menos de los estudiantes y ciudadanía en general. En síntesis, rechaza de plano el requerimiento número tres de los obispos.

Cuatro, solicitan los obispos que el Gobierno de signos creíbles de su voluntad de diálogo respetando la dignidad y libertad de las personas, los derechos humanos de todos y en particular de los empleados públicos no obligándolos a participar en eventos partidarios ni paralizando el transporte nacional para esos fines.

El gobierno en su carta no se compromete a liberar a los empleados públicos de la obligación de asistir a sus actividades partidistas, ni a suspender las sanciones que se han tomado contra muchos de ellos por negarse a participar en marchas y actividades rotonderas. Y las violaciones a los derechos humanos se continúan produciendo en la forma de violencia excesiva, detenciones injustificadas, desapariciones, torturas y malos tratos a prisioneros. El Gobierno optó por no dar ningún “signo creíble de su voluntad de diálogo” rechazando así también el requerimiento número cuatro de los obispos.

No hay duda pues de que la carta del Gobierno es truculenta y mentirosa porque aparentando decir que sí, responde con un categórico NO a las demandas de los obispos que son las demandas de todos los nicaragüenses, y al hacerlo está diciendo NO al diálogo que el país necesita y reclama.

Luis Carrión Cruz / Managua 

 

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