Política y Matrimonio Igualitario en Costa Rica


La religión ha estado muy vinculada a la política desde tiempos muy lejanos, aunque se pretenda decir lo contrario; lo que no es un fenómeno exclusivo del Cristianismo, sino que resulta aplicable a varias religiones y sistemas filosóficos.

Por estos convulsos meses en que varios países de América Latina se preparan para sus elecciones o algunos ya las han tenido – al menos en su primera ronda–, esta concepción de política y religión de la mano resulta patente en Colombia, país en el que el Arzobispo de Cali se reunió con varios miembros del Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, FARC, –nombre del partido que conformaron los temidos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia conservando sus iniciales tras la deposición de sus armas– de cuyo encuentro partió la hipótesis difundida por su líder, Rodrigo Londoño, acerca de las instrucciones del clérigo para que sus ministros votaran por las FARC, hecho que fue desmentido por la alta jerarquía de la iglesia, aunque la duda ha quedado entre analistas y políticos.

Pero es en Costa Rica donde la influencia religiosa ha adquirido dimensiones inusitadas a partir de la gran polarización que ha surgido como consecuencia de un controversial tema en el que las ramas evangélicas del Cristianismo jugaron un papel decisivo.

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Lo que sucede concretamente en Costa Rica en este sentido es que el asunto–devenido en gran dilema sociopolítico– que ha provocado las decisiones para respaldar o rechazar a sus principales candidatos a la presidencia es de carácter ético, pero en relación con preceptos de naturaleza religiosa.

Fabricio Alvarado Muñoz, el candidato que obtuvo un 24,78% de votos con el 86,57% de mesas escrutadas el domingo 4 de febrero durante la primera ronda de los comicios – el proceso tendrá una segunda ronda por no haber obtenido ninguno de los candidatos el 40% que exigen las leyes de aquella nación– representa al Partido de Restauración Nacional, cuya orientación, respaldo, financiamiento, labores promocionales, etc., son favorecidas por las ramas evangélicas del Cristianismo, las que en esta nación cuentan con miles de seguidores.

Pero el principal motivo que ha llevado a Alvarado a una inesperada popularidad, como para poder alcanzar el puesto cimero en la primera ronda, ha sido su campaña contra lo que él denomina ideología de género; siendo este el punto de mayor trascendencia de su oposición a las uniones de parejas del mismo sexo, por lo que su llegada al poder pudiera representar un franco

retroceso a las disposiciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que ordenó al gobierno de Luis Guillermo Solís que garantizara a las parejas del mismo sexo todos los derechos existentes en la legislación, incluido el derecho al matrimonio, sin discriminación alguna frente a las parejas.

Esto entró en total contradicción con las concepciones de las sectas evangélicas o protestantes, las que han apoyado sobremanera al candidato del Partido de Restauración Nacional, PRN, toda vez que éste se ha pronunciado contra la legalización del cannabis (marihuana), el aborto, la fertilización in vitro, y de manera particular contra el matrimonio de homosexuales; siendo este el principal conflicto que en medio de la campaña electoral desató las mayores polémicas que lo llevaron a la cima de una popularidad inmerecida.

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Pero no solo es inmerecido este puesto que ha ganado para presentarse en la segunda ronda por el hecho de oponerse a las tendencias modernas por las que se mueve el mundo entero, y de modo particular aquellas relacionadas con los derechos a las igualdades plenas entre todos, sin distinción de religión, filosofía, tendencia política, orientación social, y también sin diferencias respecto a todo lo que tenga que ver con la sexualidad, incluyendo las preferencias sexuales; sino que Alvarado Muñoz no cuenta con una carrera política meritoria, por lo que ya algunos han afirmado en tono irónico que es “un candidato caído del cielo” – además por su fuerte afiliación al protestantismo sectario de carácter fundamentalista–.

Tampoco se ha destacado en lo profesional. Su título de periodismo no ha dejado de ser un tanto decorativo sin destacarse jamás en su desempeño, y su dedicación desde el 2003 al canto dentro de la vertiente de “música cristiana” solo lo ha situado en la preferencia de los círculos de cristianos del protestantismo conservador.

Aun nos separan varias semanas para la segunda ronda de los comicios a celebrarse el 1 de abril en los que el segundo candidato, Carlos Andrés Alvarado, del gobernante Partido Acción Ciudadana, PAC, quien logró el segundo lugar con un 21,74% de los votos y ascendió rápidamente en los días previos a la primera ronda, pudiera escalar con facilidad los peldaños que lo deberán conducir a un triunfo favorecedor para Costa Rica, que lamentablemente pudiera dejar de ser una de las naciones más prósperas y estables de la región bajo el mandato de un cantante evangélico ultraconservador y carente de experiencia política. Como diría Ralph W. Emerson y no el Apóstol cubano como se cree: “cada uno a su oficio”.

Carlos Andrés Alvarado Quesada es un excelente candidato para ocupar la presidencia del país pues tiene una trayectoria política destacada. Escritor, periodista, politólogo y político, amén de su historial de estudios superiores, entre los que sobresalen sus títulos de Bachiller en Comunicación y Máster en

Ciencias Políticas por la Universidad de Costa Rica, además de su maestría en Estudios del Desarrollo por la Universidad de Sussex. Alvarado se desempeñó también como Ministro de Trabajo y Seguridad Social, y como asesor de la parte del Partido Acción Ciudadana en la Asamblea Legislativa de Costa Rica en el período 2006-2010.

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Por suerte, un centro-progresista, apartado de toda tendencia izquierdista – su partido es de línea dentro de la socialdemocracia progresista–, de mente más amplia y sin influencias evangelizadoras de los protestantes como su contrincante. Carlos Andrés apoya el matrimonio igualitario y los derechos familiares de la comunidad sexualmente diversa, algo que refuerza la polaridad que se ha establecido entre los sectores liberales y conservadores de Costa Rica.

Al parecer las inclinaciones artísticas también se ponen de moda entre los políticos y Alvarado Quesada incursionó en el canto, pero en la línea del rock progresivo, independientemente de su preferencia por la literatura, rama en la que ha tenido varias distinciones y dentro de la cual ha publicado varios libros entre los que se destaca la novela histórica Las posesiones.

El representante del PAC pudiera conducir al país centroamericano por el buen camino; aunque tendría que enfrentarse no solo al conflicto del matrimonio igualitario y a las discrepancias entre los sectores más conservadores de la sociedad y los librepensadores, sino a ciertas irregularidades que a largo plazo afectarían a una nación con cierta vulnerabilidad social dada su posición geográfica estratégica dentro de la región – sitio de tránsito con fines migratorios hacia Estados Unidos desde Suramérica y cercanía a los países del Triángulo Norte con sus elevados índices de criminalidad y pobreza–.

Así las cosas, nos enfrentamos a algo inesperado y poco usual. El desacuerdo de un cantante cristiano respecto al matrimonio igualitario se convirtió en el factor desencadenante que lo llevó a alcanzar la cúspide de la popularidad previa a la primera ronda de los comicios, con lo que se convirtió en el vencedor de esta pobre contienda que pecó por exceso de candidatos, la inexperiencia de unos, y el detonante ético-religioso que quedará para la historia continental como algo de lo alguien diría: de lo real maravilloso.

Dr. Alberto Roteta Dorado/ España 

 

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