Simulacro de referéndum en Cuba


A solo unos días del simulacro que tendrá lugar en Cuba resulta conveniente detenernos en algunos puntos en relación con dicho sonado evento previsto a celebrarse el próximo domingo 24 de febrero. Me refiero, como es lógico, al llamado referendo, ejercicio truculento que la dictadura castrista ensaya deliberadamente con la pretensión de legitimar un grupo de propuestas matizadas por una represión desmedida y un culto desenfrenado a su Partido Comunista.

En primer lugar, las condiciones políticas y sociales del país son las peores de los últimos años. Si bien sigue resultado patente una marcada pasividad y un conformismo extremo en el pueblo cubano, la realidad actual es un tanto distinta si se compara con la “masividad” que apoyaba todas las andanzas convocadas por el dictador Fidel Castro hacia los años iniciales de su revolución (con minúscula por su descrédito, y suya porque era de él ), durante las décadas de los setenta y ochenta y hasta el final del pasado siglo.

Un despertar popular, aunque sigue siendo insuficiente, adquirió cierta trascendencia durante los últimos años, lo que tiene preocupados a la camarilla comunista de la isla. Los movimientos opositores se han fortalecido y algunas personalidades han adquirido cierta relevancia a nivel internacional, destacándose de manera particular los integrantes de la Unión Patriótica de Cuba, UNPACU, quienes han realizado una labor encomiable a favor del NO por la constitución a pesar de la fuerte represión del régimen.

Por otra lado una parte considerable de la población cubana está inmersa en la penuria, las necesidades, las carencias de todo tipo, la desnutrición, la apatía, la indecencia, la inmoralidad, entre otras tantas cosas, lo que ha determinado una reacción de rechazo hacia el actual gobierno que encabeza Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y que no es otra cosa que una continuidad del castrismo que se impuso a partir de 1959, toda vez que Díaz-Canel perdió la oportunidad de pasar a la historia como el Gorbachov cubano a cambio de un rígido esquema de gobierno siguiendo las pautas de los anquilosados mandatarios que le precedieron.

Una respuesta insuficiente y deficiente por parte de las consideradas autoridades cubanas hacia los desastres naturales que de manera continuada han tenido lugar en la isla también han influenciado de manera negativa en la población cubana respecto a la aceptación del régimen, esto es, los que una vez (o tantas veces) apoyaron movidos por la histeria colectiva al régimen comunista de Cuba hoy se encuentran decepcionados, por cuanto sus dirigentes no son capaces de resolverles sus problemas.

Si a estos aspectos se une la dramática situación económica de Cuba, los salarios simbólicos que reciben los trabajadores, el fracaso de su sistema educacional – aunque ciertas instancias internacionales en su ceguera aún se empeñan en elogiarlo –, el desastre actual de su sistema de salubridad, amén del incremento de las acciones represivas contra los opositores al sistema comunista, podrá comprobarse que este referendo para apoyar la nueva constitución cubana tendrá lugar en medio de un ambiente nada positivo para que tenga lugar el SI rotundo que tanto anhela, y ha procurado, la cúpula gansteril comunista de la rezagada isla, uno de los pocos remanentes del socialismo que sobrevive en estos tiempos.

No obstante, la respuesta que predominará en el simulacro de referéndum será la afirmativa, lo que nos preocupa sobremanera a aquellos que deseamos una vida mejor para los cubanos que permanecen en la isla bajo los embates causados por la más añeja y cruel dictadura actual del hemisferio occidental.

El pueblo cubano votará por el SI debido al temor de ser “señalados” – de esta forma lo explican quienes han asumido actitudes de aparente simpatía al régimen, aunque en realidad se oponen al castrismo, al menos en pensamiento–. Muchos quieren y necesitan mantenerse en sus puestos de trabajo a modo de subsistencia ante la falta de iniciativa para asumir otra actitud que los saque de esa pasividad extrema que los ha caracterizado durante décadas. Aquí se incluyen las multitudes de jóvenes que se ven forzados a respaldar todas las acciones del sistema castrista ante el temor de perder sus estudios o de ser aislados y llevados al ostracismo.

Otros lo harán porque de manera mecánica y sin saber porqué lo hacen – y lo peor, sin que les interese el porqué lo hacen– plasmarán su SI como verdaderos autómatas. El comunismo se encargó de crear un hombre nuevo que dejó de pensar para actuar movido solo por impulsos elementales y rudimentarios cercanos a los instintos animales, esto es, el principio mental sufrió una involución con el consiguiente oscurecimiento de la conciencia, lo que no es una exageración y mucho menos un elemento demasiado especulativo, sino una fundamentación lógica y coherente sustentada en observaciones filosóficas y antropológicas. En esta categoría del SI por automatismo se incluye también a aquellos que yacen inmersos en la ignorancia y en la incultura política, amén de los que amoldaron su escaso pensamiento bajo los efectos del estatismo mental inducido generado por el adoctrinamiento comunista.

Otro grupo lo hará por resignación, lo que incluye una aceptación pasiva de sus males bajo una total sumisión. ¿Es posible esto? Si. La mente crea mecanismos adaptativos de todo tipo, con frecuencia increíbles, excepto que se estudien los grandes misterios del pensamiento humano. Recordemos el fenómeno de la antigua India en que los nacidos en condiciones de pobreza extrema y sumisión aceptaban su condición por el hecho de haber interiorizado la idea de que eran seres inferiores pertenecientes a las castas más bajas, esto es, lo aceptaban desde la perspectiva de una interiorización con resignación, era su karma (ley, equilibrio, armonía y orden en el universo).

De modo que multitudes de cubanos crearon mecanismos adaptativos para aceptar con pasividad su destino, o su karma como dirían en el lejano oriente. Lo peor es que muchos siguen aferrados a la vieja y absurda idea de que sus males son causados por el enemigo imperialista. Así les enseñó Fidel Castro, el delirante dictador que tuvieron como guía por medio siglo, a quien adoraron cual avatar de la divinidad cuando en realidad fue la personificación de la maldad y de las infernales tinieblas.

Pero podemos llegar a comprender (no a aceptar) a los temerosos, a los autómatas y a los resignados, pero jamás a aquellos que de manera premeditada y con alevosía darán su consentimiento para que el desgobierno cubano haga legítimo su panfleto constitucional. Me refiero de manera particular a los que actuarán por conveniencia para seguir viviendo como parásitos a partir de las “bondades” de un sistema demasiado corrupto y desacreditado ante el mundo que les garantiza cierto estatus social.

En este grupo se encuentran incluidos aquellos que gozan de cierta posición social ventajosa gracias a su fidelidad y lealtad “revolucionaria” demostradas a través de los años. Se incluye en este grupo a los dirigentes, militares, miembros de la contrainteligencia y del Ministerio del Interior; sin olvidar a muchos académicos y profesores universitarios, científicos, deportistas, artistas, escritores, etc., los que han desarrollado sus carreras, más que por su talento propiamente dicho, por su lealtad incondicional al régimen.

Finalmente habrá una exigua minoría que lo hará por convicción, por ser fidelistas, revolucionarios, o como le quieran decir. Esto no puede quedar excluido porque como se dice por doquier: “el mundo para que sea mundo tiene que haber de todo”, y siempre habrá gente de izquierda, comunistas, “progresistas”, “revolucionarios”, etc. Se trata de aquellos que decidieron asumir esta forma de ideología como su patrón prototípico, y defenderán a capa y espada su postura. Estén o no errados en sus posiciones políticas son libres de pensar y de actuar como quieran. Ojalá no se arrepientan demasiado tarde cuando el propio régimen arremeta contra ellos por cualquier deslealtad que se aparte de sus caducos cánones y sus errados códigos.

Así las cosas, al sumar los votos de todos estos posibles participantes que pondrán su SI, además de las acciones fraudulentas que cometerá el “prestigioso” tribunal encargado del conteo de votos mediante el arreglo de las boletas que pudieran quedar en blanco o anuladas, se obtendrá, lamentablemente, una mayoría del SI, aunque no tan rotundo como quisiera el desgobierno castrista encargado de hacer una ridícula campaña por el SI como parte de su estrategia de adoctrinamiento a las masas.

Finalmente una recomendación – porque aún estamos a tiempo de ganar unos votos más a favor del NO–. La mejor opción para el castrismo, sin duda, es el SI. Muchos creen que a través de la abstención demostrarán su inconformidad. Es cierto, y constituye un modo de resistencia pacífica; pero esta opción no es conveniente para los que queremos una Cuba diferente. Téngase presente que son capaces de utilizar la totalidad de las abstenciones y ponerlas como SI, esto es, le estarían dando un SI indirecto al castrismo. De modo que lo que nos corresponde hacer como cubanos que necesitamos una Cuba mejor es poner con firmeza el NO a la constitución, con lo que, además de demostrar la inconformidad con el sistema político, estaríamos impidiendo que las boletas sean falsificadas, al menos con facilidad.

En fin, votemos por el NO al panfleto de constitución cubana. No contribuyamos a que el castrismo pueda legitimar sus acciones a partir de la utilización de nuestros votos. Ayudemos a desacreditar aún más al desgobierno de la isla, lo que permitirá aislarlo cada vez más hasta su disolución definitiva. La oscuridad nunca es eterna, estamos en el paso a través de la singularidad, condición que nos permitirá percibir la necesaria luz. Ayudemos a alcanzarla.

Alberto Roteta Dorado / Tenerife 

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