Teodoro Petkoff: el honorable mortal que desafió al “eterno”


Sobre Teodoro Petkoff es mucho lo que se puede decir. Político, escritor, intelectual, exguerrillero, periodista y editor, Premio María Moors Cabot en 2012, y Premio Ortega y Gasset en 2015. Su partida física este 31 de octubre causó gran conmoción en su Venezuela natal, esa que intentó dirigir sin éxito en par de ocasiones.

Quienes lo conocieron lo describen como un hombre honesto, generoso, apasionado del béisbol y de gran sentido del humor. Rasgos que distan mucho de la apariencia regañona y malhumorada que se mostraban bajo sus grandes lentes y espesos mostachos a lo Stalín.

Pero lo cierto es que, más allá de todo lo que se pueda hablar sobre él, Teodoro era un hombre de lucha. Siendo su historia una prueba irrefutable de ello.

Publicidad
Jackson Health System

Y es que el político e intelectual exguerrillero dedicó buena parte de su vida a desafiar a las dictaduras y gobiernos autoritarios que comandaron a su nación, comenzando contra el régimen de Marcos Pérez Jiménez y enfrentando durante el nuevo milenio a los mandatarios Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Teodoro durante las elecciones presidenciales 2007

Sus inicios

Hijo de inmigrantes judíos de origen búlgaro y polaco, Petkoff nació en El Batey (Zulia) el 3 de enero de 1932. Su carrera política la inició durante la dictadura militar de Pérez Jiménez, en los años cincuenta, época en la que formó parte de células clandestinas en la resistencia y llegó a ocupar responsabilidades en la estructura juvenil y la dirección nacional del entonces proscrito Partido Comunista de Venezuela (PCV).

Teodoro en “El Batey” junto a sus hermanos Luben y Myrko

“Teodoro era un poco informal dentro de la militancia del PCV, siendo uno de los que promovió la apertura del inicio guerrillero, pero no llegó a participar mucho en eso porque siempre fue necesaria su dirigencia política dada su incidencia como dirigente conocido e influyente, aún en las condiciones de aquella política tan absurda en la que vivíamos”, dice su amigo, el abogado y político venezolano, Américo Martín a la redacción de TRIANGULANDO.

Ambos compartieron el cautiverio cuando fueron apresados en el cuartel de San Carlos, en Caracas, donde años después –como por cosas de la vida- también sería encarcelado Chávez por su tentativa de tomar el poder por las armas de 1992.

Publicidad
Jackson Health System

Pero Petkoff no era un recluso fácil y se fugó. Había sido capturado durante una operación urbana y recluido en una celda de alta seguridad, de la cual parecía imposible fugarse. Apenas había cumplido los 30 años.

Tiempo después su amigo, Nobel en Literatura, Gabriel García Márquez narró su “espectacular” escape para el diario El País de España.

“Un sábado de visitas, una amiga suya le llevó escondidas varias cápsulas llenas de sangre fresca de vaca. Cuando quedó solo en la celda, Teodoro empezó a quejarse de un malestar cuyos síntomas precisos no le dejaban ninguna duda al médico de la prisión: una úlcera gástrica. Era una dolencia fingida, por supuesto, pero el proyecto era tan meticuloso que Teodoro se había aprendido de memoria hasta las manifestaciones más sutiles de la enfermedad que le convenía aparentar. El médico le recomendó reposo -que no era nada difícil en una celda de alta seguridad y le prescribió un tratamiento severo. Pero aquella noche, Teodoro se tragó las cápsulas, despertó a la prisión con sus gritos y los guardias que acudieron lo encontraron postrado por una crisis de vómitos de sangre. Lo trasladaron al hospital militar, donde las medidas de seguridad no eran tan rigurosas y antes del amanecer se descolgó por la ventana del séptimo piso con ayuda de una cuerda que alguien le hizo llegar”, escribió Márquez.

Teodoro junto a Gabriel García Márquez

Sin embargo, esta no sería la última vez en que Petkoff se fugaría de la prisión. Cuatro años más tardes, cuando fue encarcelado de nuevo mientras operaba la guerrilla comandada por Douglas Bravo en el estado Falcón, tuvo la suerte de ser trasladado otra vez al cuartel San Carlos, donde estaban recluidos al menos 50 de sus compañeros y ya había un plan de salida adelantado: un túnel que la organización comunista había empezado a construir desde hacía casi 20 meses atrás y que llegó a su final por esos días en los que el nacido en El Batey regresaba a las celdas.

Poco después, el entonces dirigente de izquierda abandonaría la lucha armada. “Él rápidamente comprendió el error de aquella política, casi en paralelo con la compresión que tuve yo de lo mismo, por lo que él y el PCV comenzaron una política de pacificación, que se llamó la Política de Pacificación Democrática”, comenta Martín.

Publicidad
Jackson Health System

Esta acción llevó a Petkoff a recobrar la libertad en 1969, durante la primera gestión del presidente Rafael Caldera.

Sobre este episodio el propio exguerrillero diría años más tarde. “El desarrollo de los acontecimientos ¿qué mostró? Que la lucha armada, que arrancó de una cierta base de masas en Caracas y en algunas otras ciudades, se fue aislando. En la medida que este país no podía entender por qué era que estábamos alzados si todo lo que nosotros decíamos lo podíamos decir sin las armas, pues si hay una dictadura tú no tienes otra opción. Pero si todo lo que nosotros decíamos era una cosa que podíamos decir perfectamente desde el Congreso y en los periódicos, libremente, entonces ¿cuál era el sentido de decirlo desde una montaña con las armas? Por supuesto que esa incongruencia fue reduciendo el proceso revolucionario, fue aislándolo de la sociedad, hasta que finalmente tuvimos la lucidez de comprender que no íbamos para ninguna parte”.

Aspiraciones presidenciales

Dos años más tarde, Petkoff sería una de las piedras angulares para la formación del partido Movimiento al Socialismo (MAS) de tendencia socialdemócrata, siendo uno de sus miembros más influyentes.

La organización fue vista por los políticos de la izquierda latinoamericana como el símbolo por excelencia de la lucha política postguerrillera, separada de la influencia de Fidel Castro. Incluso, García Márquez donó todo el dinero del Premio Internacional de Literatura Rómulo Gallegos por su obra Cien Años de Soledad a la causa del recién fundado grupo.

Junto a esta organización Petkoff llegaría a ser diputado en varias legislaturas y candidato presidencial en las elecciones de 1983, cuando quedó en tercer lugar con apenas 4,17%. Sus aspiraciones por alcanzar la jefatura del Estado venezolano lo llevaron a intentarlo una segunda vez, en la campaña de 1988, quedando tercero nuevamente recabando 2,17% de las papeletas. Tiempo después, en 1992, intentó ser alcalde de Caracas, pero fue derrotado por Aristóbulo Istúriz.

Para Martín las causas que llevaron a la derrota de Petkoff en las urnas son sencillas de entender.

“A Teodoro le ocurrió lo mismo que a mí: el país rechazaba a la izquierda. Aun cuando podía admirar individualmente los performance de cualquiera de nosotros, no quería que la izquierda asumiera el poder. Más bien estaba disfrutando del período de convivencia y estabilidad democrática y de crecimiento, dirigido por el bipartidismo de AD y Copei que pusieron a Venezuela a desarrollarse en lo que quizá fue uno de los períodos más felices de su vida”, resalta.

Américo Martín

El abogado y analista político añade que entonces, cuando formaban parte de los grupos comunistas, se encontraban bajo la influencia de Castro, quien provocó en la juventud venezolana y latinoamericana toda una presión buscando salidas de otro tipo, en lugar de la electoral.

“Aunque no representaban a la mayoría, tenían una fuerza de movilización estupenda, como siempre ha ocurrido. Pero al frente de una cosa como esa jamás se podría ganar unas elecciones. No obstante, sí se podía tener una presencia fuerte en el mundo de la política. Por lo que perdíamos no por nosotros, sino por la causa que defendíamos que no era popular”, asevera.

Posteriormente, en los comicios presidenciales de 1993, Petkoff no se presentó, en su lugar apoyó al expresidente social cristiano Rafael Caldera que había abandonado su partido Copei y fundado otro llamado Convergencia, y quien también contaba con el apoyo de muchos partidos de izquierda, incluyendo al propio MAS. Caldera resultó vencedor e integró, en 1996, a Petkoff a su gabinete.

“Hola Hugo”

En 1999, Petkoff renunciaría al MAS una vez que el partido decidiera dar el espaldarazo a la primera candidatura de Chávez. Ya había alertado sobre los peligros que corría el país con la llegada de un hombre cuya escasa cultura política y formación militar no advertían un mejor futuro para la nación.

Fue durante esa época cuando incursionaría en el mundo del periodismo, dirigiendo al diario El Mundo de la Cadena Capriles. Sin embargo, sus fuertes y críticos editoriales causaron molestia a un presidente Chávez que ya comenzaba a mostrar rasgos de autoritarismo, ejerciendo presión para lograr su salida del rotativo.

“Tal vez no lo conocían bien y pensaron que Teodoro se iba a quedar con esa, pero bueno… Buscó con quién y el 3 de abril del 2000 armó  Tal Cual, donde comenzó a hacer lo mismo. Solo que ahí las presiones no valían porque él no cambiaría su línea editorial ni iba a censurarse. Por supuesto, utilizaron otros métodos para callarlo, como los juicios, las presiones del Seniat (ente fiscalizador de Venezuela), del ministerio del Trabajo y presión a los anunciantes para que dejaran de promocionarse”, relata a TRIANGULANDO Xabier Coscojuela, jefe de redacción de la publicación y mano derecha de Petkoff en el medio.

Una editorial titulada “Hola Hugo” marcaría el comienzo del rotativo encabezado por el político venezolano y que con un lenguaje “claro y raspa’o” se convertiría en uno de los principales dolores de cabeza del gobierno chavista.

Teodoro en las oficinas de “Tal Cual”, Caracas

“Aquí estamos, otra vez. Creyeron que nos iban a callar. Bueno, no pudieron. En tres meses montamos TalCual. Es fruto de la voluntad indomable de no rendirse ante la fuerza bruta ni ante las trapacerías mafiosas de tu amigo Miquilena. Según dijo públicamente Arias Cárdenas, te sentiste muy molesto por lo que hizo “Don” Luis en El Mundo (perdona, ya sé que lo quieres mucho y tú fuiste quien le clavó ese apelativo, pero quieras o no, ese es un don entrecomillado). Admitamos que es verdad; te sentiste molesto. Pero no hiciste nada. Callaste, es decir, otorgaste. También es tuya la responsabilidad. Pero ya eso es clavo pasado, y es la última vez que tocamos el punto”, redactó en el primer párrafo del hoy legendario escrito. 

Esta contienda contra el régimen venezolano prosiguió, incluso después de la muerte del hoy titulado “comandante eterno”. Llevando a Petkoff a pasar los últimos años de su vida batallando en la justicia contra Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y número dos del chavismo, quien lo había enjuiciado en 2013 por presunta “difamación”, luego de que el rotativo reprodujera una información del diario El Mundo de España que evidenciaba los supuestos vínculos de Cabello con el narcotráfico.

El intelectual tuvo prohibición de salida del país desde entonces y fue sobreseído en septiembre de 2017 por su delicado estado de salud, aunque el proceso judicial continuó contra los otros directivos del diario.

“Era muy tedioso para él presentarse a los tribunales, porque a nadie le gusta hacer eso y menos por algo que no lo ameritaba. Pero igual Teodoro siempre se presentaba en la corte con la misma fortaleza de siempre”, afirma Coscojuela.

Un hombre generoso

Más allá de su faceta como personaje público, puertas adentro, su imagen de hombre bondadoso, con gran humor y fanático de la pelota criolla era inquebrantable para quienes lo conocieron. De hecho, por los pasillos del diario que dirigió no solo se le recuerda como un líder, sino como una persona que jamás vio a sus subalternos por encima de los hombros y que trataba y saludaba a todos por igual con su característico “¿qué hubo?”.

“Teodoro era una persona muy accesible, muy llano, no tenía problemas con nadie. En algunas oportunidades hacía reuniones políticas, donde escuchaba las opiniones de todos con mucho respeto”, describe Coscojuela.

Su pasión por el béisbol venezolano y por los Tiburones de La Guaira lo llevaba a utilizar al argot beisbolero en su verbo, algo que se vio reflejado en varios de sus textos así como en sus conversaciones diarias.

“A veces cuando uno se equivocaba decía ‘se te fue un rolingsito por debajo de las piernas’”, resalta el periodista. Y añade que “Teodoro era una persona generosa, muy humana. Se jactaba de conocer muy bien las calles de Caracas y de hecho eso lo llevó a ofrecerle la cola a la gente siempre que podía, incluso a gente de la calle. Hasta parecía que le gustaba manejar mucho, porque era capaz de desviarse completamente de su destino para llevar a alguien hasta su casa”.

En todo esto coincide Martín, quien concluye que Petkoff “era una persona muy desprendida, que se condolía con la desgracia ajena y eso lo entendimos quienes lo conocimos. Su único problema es que su exterior no reflejaba eso. Tenía un aspecto mandón, duro, con esos mostachos a los Stalín y a lo Maduro, pero eso no se correspondía con su calidad humana. Ese extraño rasgo se debería quizá a que era más tímido de lo que la gente pensaba y que lo llevaba a asumir un rostro más severo, que no denotaba lo que era en el fondo”.

Luis Mendoza /@MendozasWork / Caracas / TRIANGULANDO

Dejar un comentario