Venezuela, una urgente salida de su aparente punto muerto


El presidente encargado de Venezuela, Juan Guaidó, convocó el pasado 21 de agosto – una vez más–, a una marcha pacífica a desarrollare el fin de semana en diferentes puntos del país. El objetivo es el mismo de otras manifestaciones similares, esto es, continuar ejerciendo presión para acabar de una vez con el régimen chavista. Esto presupone la retirada definitiva del dictador Nicolás Maduro del poder, lo que Juan Guaidó considera como “poner el centro del cese de la usurpación”.

Y digo una vez más, no de manera irónica, sino para destacar que ya se ha convocado a muchas marchas, manifestaciones y concentraciones. Mientras el régimen sigue en su poderío y la represión se mantiene a pesar de las fuertes denuncias por parte de organismos internacionales, lo que demuestra que la opción de las manifestaciones pacifistas podrá tener la mejor intención del mundo; pero en el orden práctico no logran concretar nada que no sea golpizas, detenciones arbitrarias y marginación a los participantes.

Esto significa que las teorizaciones del sociólogo estadounidense Gene Sharp son aplicables a la patria de Bolívar, pero sin lograr resultados objetivos, por lo tanto, la desobediencia y la resistencia pacífica quedan descartadas como posibilidades para lograr el cese de la usurpación en el que tanto énfasis pone Guaidó como paso necesario para la ulterior democratización nacional.

Estas nuevas acciones no traerán nada nuevo, excepto incentivar un tanto la aparente calma de estos días, en los que se han enfocado los esfuerzos, más que en las marchas populares, en los procesos de negociaciones, las posibles reuniones ocultas entre líderes chavistas y estadounidenses, amén de las posibles acciones militares en territorios venezolanos por parte de los rusos y los norteamericanos.

Ya se ha dicho demasiado acerca del cese de la usurpación mediante las sendas movilizaciones populares. La situación de Venezuela se encuentra en un punto aparentemente muerto, y esto es lamentable toda vez que cada día se incrementa el grado de vulnerabilidad de los desposeídos – que son la mayoría–, quienes se alistan para tomar un incierto y prolongado camino que los llevará a un exilio transitorio en países de la región como Ecuador, Perú, Chile, Brasil y Colombia, en los que, lamentablemente, y aunque se afirme lo contrario, no siempre son bien recibidos. Las múltiples manifestaciones de discriminación y acciones de carácter xenofóbico, sobre todo en países como Ecuador, donde en los últimos días llegan alrededor de 7.000 migrantes venezolanos, y Brasil, donde han sido maltratados, así lo demuestran.

Pero detengámonos en algunos aspectos relacionados con la actual situación de la nación caribeña que merecen comentarse, aun cuando estamos ante un punto de relativa pasividad, como ya expresé antes, y lo peor, de demasiada incertidumbre para los venezolanos respecto al desenlace definitivo de la situación sociopolítica de su patria.

En primer lugar, Juan Guaidó, el hombre que de la noche a la mañana apareció en la escena venezolana como un héroe – con razones más que suficientes como para poder serlo toda vez que logró en días lo que la oposición no consiguió en años–, actualmente ha perdido un tanto ese merecidísimo lugar que con justicia le correspondió ocupar durante varios meses. Su mayor error, y también el más reciente, ha sido su activa participación en las negociaciones de Barbados, aun cuando se supone, sabía de antemano que de esos encuentros no se obtendría nada, excepto una ganancia de tiempo para un acorralado presidente usurpador y un desgobierno debilitado que intenta sostenerse a la fuerza.

Ya se sabe que Guaidó, quien cuenta con el 61,6% de apoyo de los venezolanos respecto a su gestión, es demasiado joven e inexperto y que en más de una ocasión se ha dejado llevar más por el ímpetu de una emotividad desmedida que por un verdadero pensamiento de coherencia y lógica aplicado al orden práctico. En esta ocasión volvió a errar para contradecir sus propias declaraciones respecto a la negativa de un nuevo diálogo, y esto no le benefició a pesar de la cifra porcentual que acaba de darse a conocer en relación con su aceptación. Recordemos que hace unos meses afirmó en entrevista para el diario uruguayo El País:

“Nuestra decisión es no participar en esa iniciativa (diálogo previsto a realizarse desde entonces). La razón es la siguiente: las fuerzas democráticas venezolanas ya hemos participado en esfuerzos de diálogo, negociación y acuerdo en varias oportunidades con el régimen de Nicolás Maduro (…) La consecuencia invariablemente en todos esos procesos ha sido la misma: el incremento de autoritarismo del régimen y de la represión. Al final de cada proceso de diálogo hay más presos políticos y menos derechos para los ciudadanos venezolanos (…) Para dejarlo muy claro, nuestra posición es que cualquier acuerdo que no tenga previsto el cese de la usurpación, será considerado una medida dilatoria para mantener a Maduro usurpando el poder”.

En segundo lugar, Nicolás Maduro, como todos saben y como ya he dicho de manera reiterada, no va a dejar el poder para complacer a la oposición venezolana ni al más de medio centenar de gobiernos del mundo que lo consideran ilegítimo. Si a estas alturas no lo ha hecho, es lógico pensar que no lo hará, independientemente de la más reciente acción que puede dar muestras de una posible evidencia en este sentido. Me refiero a la apertura de la embajada venezolana en Corea del Norte, justamente en un momento crucial de la situación política de la tierra de Bolívar. ¿Se refugiará el malvado usurpador en Corea del Norte? Todo es especulación por ahora, aunque la apertura de la embajada sea un hecho concreto.

Nicolás Maduro está aislado, desesperado, incapacitado, y todo lo que se quiera decir, pero jamás ha dado muestras de una posible salida inminente de Miraflores. Sus lazos con Turquía, Irán, China, y ante todo, con Rusia y Cuba, le ofrecen cierta seguridad, al menos de carácter transitorio, lo que le permite reposicionarse después de cada revés; mientras que, por otra parte, los intentos de negociaciones y las acciones en pos de lograr diálogos, consensos y acuerdos, solo le han facilitado ganar tiempo para replantearse nuevos proyectos bajo el auspicio de los líderes de la Habana y Moscú, sin los cuales no sería capaz de generar nada concreto dada la torpeza de su escaso pensamiento y su incultura generalizada que lo hacen un ser totalmente incompetente.

Y mientras se especula acerca de posibles conversaciones secretas de altos dirigentes del chavismo con representantes del gobierno estadounidense, Rusia y Estados Unidos reaparecen en la escena sociopolítica venezolana con un protagonismo sin igual por estos días.

En una carta, divulgada en inglés y en español en ocasión del 198 aniversario de la victoria de la Batalla de Carabobo (24 de junio de 1821), cuyo triunfo allanó el camino de la independencia de Venezuela, el almirante Craig Faller, comandante del Comando Sur de Estados Unidos, expresó su esperanza de que en un futuro próximo las Fuerzas Armadas de ambos países puedan volver a trabajar juntas.

Aunque sus más recientes declaraciones niegan toda posibilidad de una intervención militar directa por parte del gobierno estadounidense. Según el jefe del Comando Sur de Estados Unidos el gobierno de este país solo apoyará la transición democrática una vez derrocado el régimen de Nicolás Maduro. De ahí que la posibilidad de una intervención militar también va quedando como un elemento a descartar, independientemente de ser, en mi opinión, y como desde hace más de un año vengo afirmando, la opción más segura y eficaz para erradicar el chavismo y sus focos metastásicos.

No obstante, el propio almirante afirmó apenas unos días, durante el inicio del ejercicio militar marítimo UNITAS, en Rio de Janeiro, que si se toma una decisión política para desplegar la marina, “estoy convencido de que seremos capaces de hacer lo que sea preciso (…) Permanecemos listos para implementar decisiones políticas y estamos listos para actuar”.

Por otra parte se sabe de la activa participación de Rusia en el acontecer político de Venezuela. El propio Juan Guaidó rechazó recientemente la supuesta presencia de buques de guerra rusos en aguas pertenecientes a territorio venezolano, lo que constituye una provocación injerencista por parte del gobierno ruso y una actitud de coqueteo por parte de Nicolás Maduro, quien al sentirse acorralado intenta dar muestras de un apoyo internacional, aunque esto solo sea a expensas de unas pocas naciones entre las que se encuentra Rusia, China e Irán, amén del castrismo cubano, que cual espectral sombra aparece en todas sus tenebrosas determinaciones.

Y así las cosas, todo parece indicar que para el alcance del restablecimiento del orden democrático constitucional en Venezuela tendrá que haber un preámbulo para nada pacífico. La idea de la intervención militar que desde hace más de un año he expuesto en otros trabajos de este tipo, al parecer hubiera sido, de las “opciones sobre la mesa”, la más contundente; pero ya sabemos que queda prácticamente excluida, y actualmente acudir a la ya célebre frase es risible como bien acaba de afirmar el politólogo Julio M. Schilling en “Venezuela, Trump y Guaidó: ¿Qué hacer?”

Las sendas movilizaciones populares, si bien logran incentivar la reacción popular y seguir llamando la atención internacional, tampoco logran ser el eje para “poner el centro del cese de la usurpación”, acudiendo a las palabras de Guaidó. Mientras que las sanciones económicas aplicadas por el gobierno estadounidense han resultado efectivas contribuyendo al ahogamiento del chavismo; pero no a su aniquilación radical.

Estamos en presencia de un régimen dictatorial que es manipulado por la peor dictadura del hemisferio occidental de nuestro tiempo, esto es, por el castrocomunismo cubano. Las rondas de conversaciones, las elecciones anticipadas, las acciones de lucha pacífica y las sanciones económicas jamás resultarán efectivas para el derrocamiento definitivo del chavismo. Esto se sabe en todas partes, desde la OEA, y la ONU, hasta los rusos y los norteamericanos. La espera para cumplimentarse el primer paso, es decir, el cese de la usurpación que muy bien expone teóricamente Guaidó, no puede dilatarse más.

Urge salir de este punto aparentemente muerto. Es ahora o nunca.

Dr. Alberto Roteta Dorado / Tenerife

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